"Los caminos a mi nombre me llevan despierto al espejo. Son las cuatro, es madrugada, tengo tres palabras que nombrar: sombrero, cigarro... Alejandra. De cualquier lado rebota tu nombre, hace cuánto que sigo recordando, cuánto tiempo, cuánto fuego, cuánto juego, cuánto humo en el pecho, cuánto pecho en el tiempo, cuánto de ti, cuánto de mí... tienes razón... esta es la regadera... este soy yo, silente, alertado, letrado, analfabeto, cola de rata, mira de fuego, este soy yo, no hay mucho tropiezo, este soy yo, no tengo laberintos... este soy yo... debo callarme. Todo está dicho, este soy yo: F E D E R I C O.

Ella, tiene una cuerda en el tobillo, como siempre; esa cuerda nos sujeta, es larga, fuerte, inmensa, me une a ella a través del tiempo, a traves de los ojos de otros; a través de mi propia costumbre por olvidar mi nombre. Yo, me baño y en el espejo encuentro sus labios nombrándome, no acepto que se ha marchado, como yo. Anoche soñé que me encogía, que sus brazos me sujetaban y me guardaban en el bolsillo, Alejandra... no puedo soltarte, pero me sujeto a la cuerda, sobre el cuello, sobre el andamio que te sujetó hasta soltarme."
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