miércoles, septiembre 22, 2010

Por mis hermanos

Dicen que la percepción es lo que se llama experiencia y que es a través de la experiencia que acumulamos conocimiento y que es lo que nos permite crecer, realmente, completamente, absolutamente. Yo no sé si eso es exacto o se parece al tema de los 21 gramos que dejamos de pesar poco después que el último hálito de vida escapa... no lo sé, pero sé que una de las mejores ocurrencias de mis padres ha sido darme hermanos. Ser hermana, primogénita en mi caso, es una de las mejores experiencias en mi vida y me seguirá después, mucho después que ya no respire. Mis hermanos han sido por mucho el ying y el yang y la versión completa de la moneda, la moneda; el claroscuro de cada espacio y la forma exacta en que puedo comprender el mundo. 

Hace tiempo éramos 3
Tienen los nombres exactos, supongo que mamá pensó en todo, quizá acá si tenga relación que el nombre es destino, a mí me encantan sus nombres y sus vidas. Me siento orgullosa de sus errores y me asustan sus aciertos, me causa asombro lo que llaman "error" y después de tanto tiempo coincido en que la forma que ven el mundo no es la mía, pero me hace tanto bien que si no vemos las cosas del mismo modo, veamos hacia el mismo lado. Me gustan sus pasos que no son cansados... me gustan sus voces que ya no hablan de pasado, su timbre... quizá lo que más me guste de todo no es el color de sus ojos, tan parecido entre ellos, tan diferente al mío, lo que más me gusta son sus manos... las manos con que construyen el mundo, toman a sus hijos y eso no sabríamos que ocurriría, allá hace diez años, pero ahora estamos más que ciertos. Es tanto lo que pienso de ellos que si tuviera la oportunidad de nacer de nuevo me habría encantado que fueran mis padres, pero son mis hermanos chicos, a quienes alguna vez ayudé a hacer la tarea, otras más a lavar la cara y al final... -como debe ser- ellos me enseñaron a andar en bicicleta. Así me pasa ahora que pienso en ellos, ya no tengo que lavarles la cara o ponerlos a salvo, ellos lo consiguen y lo hacen mejor que nadie, no sólo para sí mismos, para con quienes los reclaman. 

A mí me gusta ser su hermana, me gusta que sean mis hermanos y debe ser esta sensación multiplicada invariablemente por todo el cuerpo y en el interior que actúa para tener ahora más hermanos, no como ellos, porque con ellos he compartido más allá de geografía, esa no la inventé yo, no tengo por qué respetarla. 


Ahora sé que mucho de lo que soy es parte de la experiencia de ser hermana de... y me satisface. Por mis hermanos la fe, por mis hermanos la fuerza, y también por mis hermanos reinvento las ganas, el futuro. Por mis hermanos que estas líneas no habrán de leer, hacen otras cosas, están en otro espacio, el mismo que el mío, pero me han mostrado que eso tampoco es un impedimento para no incluirlos en mi forma de ver el mundo, como este lugar, estas letras que también son suyas. Hace mucho tiempo, quizá diez años, mi hermana me dijo: "Si te vas, haz que valga la pena" Hace muy poco quizá diez días, mi hermano me dijo: "¿Qué más quieres, ya lo hiciste? Ahora regresa." No puedo. No se regresa jamás a ningún lado, se llega y yo aún tengo muchas cosas que hacer que valga esta pena de no verlos día con día, de no seguir sintiendo que quiero cambiar el mundo, yo le voy a ganar: el mundo no va a cambiarme a mí. 

Va por mis hermanos, una vez más. 



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