lunes, febrero 14, 2011

La casa, la mesa y una taza de café

Es conocido lo mucho que me gusta el café, lo mucho que abuso de su consumo y lo mucho que lo disfruto. Todas las ocasiones que repelo ingerirlo en formas diferentes que no sea caliente y humeante. Y eso se remonta a mi historia personal de hace casi 20 años. Descubrí siendo muy pequeña que la sustancia de la cafeína me hacía sentirme mejor, más contenta, me quedé con ella. El calorcito que percibía al degustarlo me conducía a una sensación familiar. Con el tiempo me di cuenta que todos y todas utilizamos la expresión "nos debemos un café" como metáfora de una reunión y charla personal, con tintes más íntimos que lo que pueda llevar consigo el lugar o incluso la bebida final, una vez que estamos reunidos/reunidas. A veces eso me lleva a decir que tengo que tomarme un café conmigo misma para discutir o resolver lo que me pasa, amparada en una mejor forma de conducirme. Cuando eso ocurre literalmente me sirvo un café, elijo un lugar, me llevo una libreta y converso lo que me pasa, conmigo misma. A veces no llego a ninguna conclusión que valga la pena, pero me hace bien. 

Debajo de la taza de café siempre hay una mesa, sostiene mi libreta, mi café y a veces me sostiene. Es el límite exacto en que puedo depositar el mundo y mis ideas y mis palabras, mis objetos y lo que me conforma, puedo comer en ella, escribir en ella, a veces he dormido en ella, otras he llorado con los hombros encima. Pareciera una suerte de colección de mesas de tantas que son. Invento objetos para adaptarlos como mesa. La mesa no es un límite para mí, es una geografía, un país, el exacto lugar que ocupa el centro de la casa. Y la casa es mi patria, supongo que pienso en casa como alguien dijera hogar, pienso que una persona es una casa y sus manos la mesa y sus labios la taza... y de tanto que pienso sólo siento el sorbo caliente en los labios en la forma de un beso: en la forma del beso está la taza, en la forma de la mesa, la persona que amo a rabiar, en la casa lo que conformamos; en la rabia de mis años la misma palabra, la misma certeza, la misma promesa: tú eres mi taza, mi mesa, mi casa y mi respuesta. 

2 comentarios:

Rebeca Landa dijo...

Me debes un café...

Nos debemos un café...

Te quiero mi Jazz

Jazz_Cacheux dijo...

Así es mi Rebe... nos debemos un café.
Te quiero.