lunes, mayo 04, 2009

Estampas de otredad 3

Miranda



“Las mejores promesas son esas que no hay que cumplir”.

Joaquín Sabina




-¿Por qué no te quedas y buscamos el silencio?
-No puedo.

Miranda cerró la puerta, dentro, alguien, un “alguien” que ya no seguirá esperando. Ella lo sabe, camina, cuenta los escalones, revisa la forma en que las grietas de las paredes del lugar que abandona le llaman: son rostros sin sosiego que claman un lenguaje que ella hoy no consigue entender.

De súbito, sin comprenderlo, sin razonarlo, se detiene, hay una grieta que ella había notado cada tarde mientras recorría este camino, pero ha desaparecido. Solloza, no tiene claro si es por su ausencia o por su presencia. Miranda llora, su llanto le entrega la grieta que faltaba en el rostro, le zanja el último artificio de distancia entre la puerta que ha dejado y aquélla grieta desaparecida.

Antes de irse, justo en el momento de abrir la puerta, mira por último los escalones, -aquellos que descendiera y ascendiera por tantas veces al encuentro de alguien a quien ella consideraba su promesa- los cuenta, sorprendida se percata que falta uno, el mismo en donde más de una vez se detuvo a intentar comprender qué haría, a dónde iría sin él, recuerda:
- Prometo quedarme siempre, siempre contigo.
- Siempre es un lugar que no conoceremos. No lo digas más.
- Me quedaré contigo, Miranda, moriré a tu lado. Lo prometo.
- Sólo quiero silencio. Un espacio en el tiempo adonde guarecerme. No prometas nada. No lo digas.
- Miranda, escúchame, no te faltaré… seré tu tiempo.
- No lo digas. Olvídalo. Las mejores promesas son esas que no hay que cumplir.

Miranda regresa del tiempo; sacude su cabello, cierra los ojos y se concentra en salir, se percata entonces que el escalón de ascenso no aparecerá, porque ella no seguirá allí, no lo consiguió: se atrevió a prometer y la vida le regresó la grieta en el rostro, una pequeña arruga en el entrecejo que la hace saber que todo ocurrió, su madre decía: “Las cicatrices son gratas, nos recuerdan que el pasado, las heridas del pasado existieron”.
Con cuidado abre la puerta, detrás el tiempo, las campanas de “te quiero”, “no te vayas”, “me quedaré contigo”, han cesado. Ella respira, nada prometió y lo que antes haya dicho, fue lo mejor, se quedó sin cumplir.

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