miércoles, febrero 03, 2010

Creer

Baste con que una persona crea en ti, para que seas un héroe.

Supongo que esta frase puede aplicarse a los padres y a sus hijos, a los hijos de los hijos, pero también a los amigos y a las personas que creen en otras sin demandar nada más que sean como son. Así ocurre, es sencillo, basta con que una persona crea en otra, para que se convierta en un héroe o heroína... según sea el caso. La cuestión acá -que no la tortura- es que si la fe mueve montañas, imagina lo que hace con las personas.

Cuando comencé este espacio hace ya casi dos años, alguien motivó, que lo hiciera, una vez que lo comencé, muchas cosas pasaron, en su honor fue rojo, mucho tiempo, desde aquí hubo un reconocimiento a mi trabajo y todo lo demás es una gran historia. Gracias, Roja.

Ahora, que ha pasado el tiempo, y se ha ido también revolotear de las mariposas, recuerdo que también ello me hizo seguir pensando en los pasillos del teatro y encontrar que era verdad, que la verdad es posible, cuando crees, cuando le das las gracias a quienes te permitieron seguir en el camino, sí, como el camino amarillo y las ganas de continuar, sólo que sin la instancia de conocer al mago de OZ, porque finalmente es lo que menos importa.


Durante mis vacaciones tenía esa sensación, basta en que alguien crea en ti, para que te conviertas en un héroe, y así fue. En mi caso, fue necesario ayuda extrema, han creído en mí cada día mi familia, mis amigos, la familia que he generado aquí en esta ciudad, pero también ha creído en mí el amor y no un amor, ha creído en mí con o sin mi permiso, con o sin licencia para permitírselo y cree en lo que pinto y en lo que escribo y en lo que dibujo y en lo que leo, y cree en mis fotografías en las que nadie creía, y en lo que atino y en lo que desatino y cree que no pongo límites y se ríe de vuelta, cree en mí, un poco cada día y yo sigo pensando que no sé de dónde sale la fe, y aunque bien es cierto que la frase convertirse en un héroe es un poco pesada, y aún no vuelo ni tengo súper poderes, me refiero a esa sensación sublime que puedes hacer cualquier cosa, cualquier cosa, hasta asumirte un genio, no sólo un artista, un genio y aún así, seguir sonriendo, porque ahí a lado tuyo, aunque rechines los dientes, alguien duerme a tu lado, aunque todo se caiga y llueva a cántaros hay un espacio donde comienzas a reír de nuevo, porque todo, absolutamente todo, puede volver a empezar.

No hay comentarios.: