lunes, febrero 15, 2010

Kevin Johansen

Me gusta Kevin Johansen, en realidad comenzó como un gusto compartido, me lo brindaron y lo compré... luego un feat con Jorge Drexler, más tarde la rola de "Sur o no sur" que me compartiera uno de mis amigos y después me quedé con él de un modo tan parecido a cuando apareció en mi vida Joaquín Sabina o Enrique Bunbury y es que en verdad me gusta, me satisface... hay palabras que dice y modos de ver las cosas que me hacen sentirme alegre, simplemente la mezcla de ritmos, el color de su voz tanto en inglés como en español, me gusta.

Tratando de pensar en alguien nuevo que me guste tanto como él se me ocurre Jorge Drexler, pero no tanto, me gustó otro cantante prestado y presentado Fito & fitilpadis, me enamoré un rato grande de "Por la boca vive el pez", pero Johansen... es cada día más Kevin Johansen, leí en su página oficial lo siguiente y me parece más que atinado:_

Kevin Johansen
Crónica de un desarraigo

A ver, por dónde empezamos a explicar esto…???

El tema tiene su gracia porque sólo sé de Kevin Johansen desde hace menos de un año.

Conocí a un argentino llamado Javier Tenenbaum en el Mercat de Música Viva de Vic del año pasado (septiembre de 2001). Me dio un sampler del sello que dirige en Buenos Aires, un sello que se llama “Los Años Luz” y a los pocos días estaba enganchado a esa recopilación en la que aparecía Axel Krygier (el único músico que conocía gracias a estar editado en España por HiTop) además de nombres como Fernando Samalea, Neli Saporiti, Liliana Felipe … y un payo de nombre nórdico KEVIN JOHANSEN que enseguida convirtió su canción “Guacamole” en uno de mis temas favoritos y que, como pude comprobar con amigos y colegas, creaba adicción.

Algún dia hablaremos de Los Años Luz (vale y valdrá la pena, un sello con tan buen gusto musical no es –digamos- muy habitual), ahora toca hablar de Kevin Johansen y lo hago con el único bagaje musical de haber escuchado su cuarto disco (The Nada. 2001)

Los papeles que me han pasado hablan de que Kevin nació en Fairbanks, Alaska, de padre norteamericano y madre argentina. Ha vivido, por azares de la vida en San Francisco, Buenos Aires, Montevideo y Nueva York. Por tanto no es de extrañar que presente un cuadro de desarraigo musical agudo en el que sus principales síntomas sean un bilingüismo consciente y un nomadismo estilístico de prolongado efecto cosmopolita.

Allá por los años 80 formó parte de un grupo llamado Instrucción Cívica (editaron un único disco: “Obediencia Debida” 1985) en el que también estaban Fernando Samalea y Axel Kryger (vease catálogo de Los Años Luz).

Y el 12 de octubre de 1990, después de años de despiste porteño entre Montevideo y Buenos Aires, se instaló en Nueva York. Allí se prodigó en diferentes proyectos tocando en escenarios como la Knitting Factory y el Mercury Lounge. Se hizo amigo de Hilly Kristol, el dueño del CBGB (el local de los Ramones, los Talking Heads y tántos mitos del under neoyorquino) y éste propició que grabara cuatro discos (el último es, precisamente “THE NADA”).

Y va, y nuestro amigo vuelve a Argentina un poco antes de la gran crisis económica del país del populismo peronista y del corralito cabrón. Cosas del nomadismo y del desarraigo.

Pero los tiempos difíciles exigen soluciones rápidas y eficaces y su cuarto disco llega a nuestro país, de bolsillo en bolsillo y de va corriéndose la voz de que su disco es bueno, muy bueno. K Industria Cultural toma nota y decide publicar “The Nada”. Una gran decisión que agradecerán los buenos amantes de la música y los aventureros viajeros que gustan de asomarse a ventanas y de colgarse de las barandillas de balcones con amplias vistas.

“The Nada” fascina inmediatamente por la personalidad de Johansen. No es un músico con el que podamos establecer rápidas y fáciles comparaciones (eso que nos gusta tánto a los de la prensa). Lo tenemos jodido. Johansen canta en castellano y no hay muchas comparaciones que hacer , cuando lo hace en inglés, tampoco.

Como él mismo dice, hace cumbias tangueras, habaneras en inglés, reggae porteño, baladitas tipo Leonard Cohen… Como dicen los periodistas argentinos: “es neoyorquino en Buenos Aires y argentino cosmopolita en Nueva York, desfasado en Montevideo casi tanto como en Alaska.”

Y si me permiten, a un servidor la intuición le dice que Johansen es algo así como Gato Pérez, un porteño viajero y lúcido, con el suficiente desapego como para iluminar culturas vecinas, llamadas a mestizarse con el futuro y a pernoctar con extraños acentos y colores.

Johansen es un músico ilustrado, cargado de genuino cosmopolitismo y de suficiente música como para revolvernos las tripas, con su rock contenido, su pop de línea clara y su intransferible sexto sentido viajero.

Kevin Johansen es un nuevo visitante al que hay que abrir la puerta y darle la mejor de las bienvenidas: LE ESTÁBAMOS ESPERANDO, NUESTRA MÚSICA SE LO AGRADECERÁ.

“Mixture is the future”
Kevin Johansen

Jordi Turtós

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