I
Con frecuencia tardo en dormir, en fechas últimas puede llegar a ser peor. Carezco de sueño. Supongo que es como aquella expresión: carezco de sueño porque siempre estoy soñando. Tal vez haya verdad en esta afirmación. Más joven solían decirme que pasaba todo el tiempo entre fantasías y mundos posibles, mi madre sigue afirmando que si me dieran a elegir actividades diversas, mi elección eterna sería contar historias. Quizá una de las que más me ha impresionado es la aventura de Don Quijote frente a los molinos de viento; mal contada por mi padre en mi niñez, me parecía más que extraña un tanto insólita. La sola idea que un hombre como él peleara contra molinos de viento los cuales había confundido con gigantes o monstruos, se escuchaba tan descabellada como maravillosa a un tiempo.
Don Quijote... ahora que ha pasado el tiempo, creo que en alguna parte de nuestra imaginación todos tenemos cierta sangre del viejo Hidalgo, ese rasgo heroico, comparable sólo a la locura naciente. No me cabe duda que hay quienes lo poseen con más fervor, con más ahínco, con mayor fe.
Mi padre me hablaba de Don Quijote y casi nunca mencionaba a Dulcinea, no sé por qué; quizá con la omisión describía su propia soledad a través de Don Quijote. Hacía énfasis en Sancho Panza, me hablaba de amistad y de lealtad; y así, sin saberlo -porque esas son las palabras que importan las que no se pronuncian o llegan sólo a leerse con los ojos del alma-, fue dejando a Dulcinea entre líneas mientras narraba las hazañas de Don Quijote y Sancho.
II
En fin que con el transcurrir de los años me acostumbré a imaginar la vida al lado de un gran amigo, como Sancho, o bien a vigilar a Don Quijote, a estar pendiente por si un día aparecían los molinos de viento y enceguecida no bien miraba qué eran y comenzaba a arremeter contra ellos. El tiempo pasó... ahora comprendo por qué mi padre no habló de amor, no mencionó la Dulcinea de Don Quijote, no destacó lo importante del amor que sentía el caballero andante. No lo hizo porque amar es comprometerse, entregar la promesa viva de compañía, esa exacta sensación de saborear el pan con la persona amada y saber que es compañera, con quien se comparte el pan. Amar también es amistad, el gesto cómplice de la sonrisa que refresca, la mano que se roza o se estrecha, el esfuerzo compartido o la carcajada precisa. Mi padre no me habló del amor de Don Quijote, pero me reiteró, tanto como le fue posible, acerca de los molinos de viento; me explicó tantas veces lo fantasmal y monstruoso de esas criaturas y lo ridículo que, tras mirar con el corazón, podrían parecer. Y así es, en el amor, en el amor sincero, de cuando en cuando se presentan los ridículos molinos de viento como monstruos sin razón y sin por qué, que pretenden tragárselo todo, absorberlo, minarlo, pero cuando son dos, simplemente uno es Don Quijote y el otro es Sancho Panza y ¡cabum! los molinos de viento se reducen a figuras geométricas en la lejanía, no más dudas ni agresividad innecesaria, quedan pues diluidas, sin sentido.
III
Yo sé qué mi padre no me habló de las conversiones de los personajes de esta historia; no me dijo que Dulcinea es el amor en verbo, la inspiración, el motivo, el motor... que en el día con día la pareja es tan Sancho y Don Quijote una mezcla de lealtades sin necesidad de probanza, y con la diaria razón para hacerlo ante parajes desiertos y molinos de viento. No lo dijo mi padre, pero comencé a aprenderlo un día 13, como el día de hoy, hace casi dos años; no de golpe ni en una sola lección si no al lado de mi amor, este miamormío, como le llamo yo, quien más de una vez ha sido Don Quijote de la Mancha y yo su leal compañero Sancho, o bien, ha sido mi leal compañero Sancho Panza, pero siempre y sin dudarlo ha sido y he sido Dulcinea, porque así es también: cuando el amor es verdadero transforma.
Hoy sólo quiero decirlo: no es que seas aguerrida ni terca, no es que puedas ser capaz de llevarle la contraria al más argumentado, es que hay demasiados molinos de viento y no todas las veces es posible permanecer victoriosa, porque la empresa en que acometes todo tu esfuerzo no es simple, es quizá las más compleja (este mundo está muy jodido, alguien tiene que hacer justicia; la gente ya no sabe escucharse), pero ¡mi vida! si lo que haces lo pudiera hacer cualquiera qué haría yo con tanta poesía para acariciar más de una vez tus heridas, esas que no sangran, pero que duelen, -¡cómo te duele el mundo y cómo me duele que te duela!
Imagino qué habría pasado si mi padre me hubiera explicado que a veces Sancho y Don Quijote se duermen abrazados sin pensar quién es quién y entendiendo tan sólo que ambos son Dulcinea, y cada mañana volverán a la carga, a escuchar que si los perros ladran es señal que avanzamos; y sí, también de vez en cuando a vencer a los molinos de viento, una vez y otra más, como tú, como yo, cada día. Imagino que mi padre no quiso decirlo, para él algunas cosas se quedaron en el tintero, para ti y para mí, la vida es ese camino largo, ancho que se tiende para hacer de cada día una nueva hazaña, como Don Quijote y Sancho Panza, como este amor tan nuestro que nos ha ido creciendo en el alma.


1 comentario:
No lo quites!! edita si quieres, pero no lo vayas a quitar. Por favor.
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