La gente camina de prisa, yo camino de prisa y descubro no saber por qué lo hago. En la calle las personas no se miran entre ellas. Cada quien su cada cual, cada cosa, a veces tan fuera de lugar.
Las calles de México cada vez se parecen más entre ellas. No es posible diferenciar una provincia de otra. Será la globalización, será la despersonalización, será la vida que fluye y cada quien la vive más hacia adentro que compartida. No lo sé.
Caminar por las calles me recuerda de manera constante aquel tiempo en que no solía hacerlo, un tiempo muy breve, pero en realidad caminar me agrada, lo disfruto. Me permite pensar, replantear, formular, entender y sobre todo: avanzar.
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