Hace ya un tiempo que leí aquella obra asombrosa "Ensayo sobre la ceguera" del maestro José Saramago, cuando ello ocurrió, la maravilla siguió al milagro de descubrir metáforas y símbolos en cada una de sus palabras. Recuerdo la sensación de estar recostada leyendo sin poder parar de hacerlo y percibir que "la ceguera blanca" había llegado a mí, esa mezcla inusual de asombro e incredulidad porque una obra literaria me produjera tal cantidad de sensaciones.
Así me ocurrió ahora con "Perfect sense", en México, "Al final de los sentidos", cinta dirigida por David Mackenzie; escrita por Kim Fupz Aakeson, y que además cuenta con las actuaciones más que bien logradas de Ewan McGregor y Eva Green. Es común encontrarnos con películas sobre epidemias e historias apocalípticas sobre el fin de los tiempos, personajes que padecen enfermedades extrañas, o zombies, aquí estamos ante una original historia que, personalmente, recuerda a la ceguera blanca del maestro Saramago, pero al acercarnos nos encontramos ante la pérdida de todos los sentidos, sin razón aparente, sin explicación aproximada, una metáfora interesante que roza con el documental, narrada a través de la protagonista como testigo de lo que ocurre.
La pregunta es inmediata ¿Qué sucedería si llegara el momento en que perdiéramos los sentidos? El olfato, el gusto, el oído, la vista... ¿Podríamos adaptarnos? ¿Qué sentido no perderíamos? O mejor aún ¿Qué sentido nos permitiría sobrevivir? La historia posee una serie de personajes excéntricos, pero antes de perder el sentido de la ubicuidad -como le llaman los expertos- me centraré en los protagonistas: una científica, epidemióloga (Eva Green), y un chef (Ewan McGregor), quienes conducen esta odisea al mismo tiempo que su peculiar historia de amor.
Me gustó la cinta, me gustó por las posibilidades que plantea, la premisa que no se llena de clichés consabidos sobre el fin del mundo, porque esta epidemia lleva al espectador a planteamientos diferentes, mediante algunos sobresalientes planos secuencia la narrativa nos lleva directo no a la explicación de la epidemia, si no a la pérdida del primer sentido, el olfato, por algunos instantes quien esto escribe se preguntó ¿cuánto ha disfrutado del olfato, realmente he podido gozarlo, conocerlo? Entonces, recordé que desde pequeña he pensado que el sitio en que vive mi familia, justo minutos antes de llegar por carretera, huele a dulce, a azúcar con canela, como lo dice el mismo film: "Sin olor, un océano de imágenes desaparece." Aún así vemos como tras el tambaleo, la historia continúa. La epidemia, da lugar a otras posibilidades, acercarse a objetos que poseyendo el sentido del gusto no podríamos: morder una pastilla de jabón o sentir la crema de rasurar entre la lengua y los labios. Esos recursos visuales que nos obsequia la película y que nosotros saldamos con el suspenso y escenarios tétricos que también nos presenta.
Aún así, Al final de los sentidos, no en el final de los sentidos, cuando cada ser humano se adapta a la ausencia del olfato, del gusto, del oído, llega la ceguera, ahí, unos minutos antes que todo llegue a las penumbras ¿qué queda, qué nos queda? Los síntomas previos a la pérdida de cada sentido son por sí mismos una alucinante metáfora de la naturaleza humana; lo mismo ocurre con las profesiones de los protagonistas: la sesuda científica, que posee lo necesario para invalidar sus emociones y sabotear cada relación con predisposiciones y prejuicios, surgidos del único miedo posible, la entrega; el chef incapaz de establecer un vínculo, superficial y entregado a su instinto. Ahí, como una paradoja, estamos ante la última pareja del mundo, pseudo posmoderna, racional y ... cobarde, enfrentándose a lo que queda cuando todos los sentidos se han perdido.
Una película que nos saca de lo corriente y que al menos a quien esto escribe, al día siguiente le permitió respirar hondo y disfrutar el olor a madera, a papel de mi apartamento; el sabor del café expresso con mayor riqueza, el color del cielo con el contraste de los árboles y por supuesto, el roce de una mano sobre mi rostro, mientras despierto.

9 comentarios:
Qué bueno que me encuentro con esta entrada porque tengo muchas ganas de mirar esa película. Es la segunda persona real que hace un buen comentario sobre la película, espero que sí esté buena, no como la de Batman que según estaba bien chida.
¡Qué le vaya bien!
Ya la vi, sí está chida! Terminaron casi como lombrices.
¡Qué bien que te pareció buena la película! Sí, terminamos casi siempre como gusanos cuando nos olvidamos de todo, pero sobre todo cuando nos enceguecemos de humanidad. Por cierto, lee: "Ensayo sobre la ceguera", ya que andas en esas. Abrazo fuerte.
No se publicó el otro comentario, pero decía algo así:
Ya lo empecé a leer, apenas voy en la página 16 pero está bueno! Gracias porque de otra manera no leo.
¡Me alegra mucho que lo hagas, es muy, muy bueno! Mántenme informada cómo llega la ceguera blanca... Un abrazo fuerte.
Sí, voy terriblemente lenta, me alenté más ahora que entré a la escuela, pero ahí la llevo, voy en la página 85, ya hubo muertos, ah bueno, sólo para recordarle que no le di el avión cuando me dijo que lo leyera.
¡En la página que sea, pero no lo suelte! Un abrazo.
Ni dos.
Ya parece chat.
Publicar un comentario