viernes, agosto 17, 2007

De bicicleta, escritura y mi padre











"Papá, cuéntame otra vez..." I. Serrano

Alguien me dijo: "Escribir debe ser catártico". Y yo moví la cabeza negando. Escribir es un acto no es un esquema, pero también es un esquema; escribir es estar y partir; escribir no es catártico y lo es, escribir es esto y lo otro. Escribir fue mucho tiempo una guarida, para mí, un lugar, un sitio, un refugio, hoy, gracias a muchas figuras es un punto de partida.


Pienso en escribir y sé que es el principio del principio de incertidumbre, el origen. Cuando duele cerquita, con esa clase de dolor que se colorea, que se enmohece al fondo de la piel. Vuelvo a recordarme pequeña, titubeante, temblorosa... ese momento en que elegí escribir como alternativa de vida, como mi mundo personal y no silencioso: cinco años, zapatos ortopédicos, seis de enero, mi padre con dos bicicletas semiprofesionales...



"- Sube, anda, sube, es para ti
- No, no puedo.

- Sube ¿Tienes miedo?

- Sí. No puedo.

- No puedes tener miedo. Mira, se subió tu hermano.

- Papá. No puedo. (Lloro)

- No llores. Eres cobarde. Una hija mía no puede ser cobarde. Aprende a tu hermano.

- No puedo.

- ¡Que no llores!

- Papá...
- No. Déjame con tu hermano."
Muchas preguntas años más tarde me persiguieron, tantas como polvo acumularon mis zapatos, como inquietud por esa bicicleta que me había separado de mi padre, que me había regresado a mi mesita de trabajo con mis libros y mis colores. ¿Por qué no llorar? ¿Si te preguntan que tienes miedo, no debes decirlo? ¿Es equivocado tener miedo? ¿Y si él te cuida, por qué no debes decirle que tienes miedo? ¿Llorar es ser cobarde? Estaba llorando, ¿sería el resto de mi vida cobarde?
Años más tarde volví a ver a mi padre, ya con casi treinta, me pidió que le hiciera una pregunta la que yo quisiera, lo pensé. Había viajado más de catorce horas para verlo, veintitrés años y un sinnúmero de trámites de seguridad para estar con él, para abrazarlo, veía con júbilo que pisábamos igual, encontraba su forma de fumar semejante a la mía, lo veía...

Y cuando llegó el momento de preguntar, después de la conversación de quiénes somos", de "dónde vas", dije al fin: "¿Papá, aún piensas que soy cobarde por no haberme subido a esa bicicleta?". Él, con la cabeza baja, y los hombros sin respiro dijo: "A veces uno no se fija lo que dice, uno es muy torpe. Perdón."

Y yo, como esa misma niña, pero con calma le dije: "También lloro, también he llorado por ti; he tenido mucho, mucho miedo, y no soy cobarde".

La escritura, el acto de escribir es esto y aquello, pero entre mucho es un homenaje a la incertidumbre; hoy, pasado el tiempo sin ver a mi padre, sin recordar más que sus manos, porque durante veintiocho años fue lo único que tuve en mente, sé que si lloro no soy cobarde, que este miedo me hace, me construye, me edifica, me conforta. Y esa bicicleta que no subí, hasta los quince años y con ayuda, es el principio, el origen de esta elección, del papel y lápiz, a cambio de la carrera y el juego.


Aún no sé si fue justo, pero sé que es mío, como llorar -a veces- porque no está papá, porque aunque ya no es necesario escucharlo, me encantaría decirle: "¡Papá, lo he conseguido, esta bicicleta sin ruedas, no la domino, pero me hace feliz. Ya no me hace llorar. No soy cobarde, papá, soy alguien que sigue, sigue, así, catorce horas y veintitrés años, hasta llegar a ti!"
Un día quise tanto a mi padre, un día que ya no es hoy, pero se le parece tanto, un día deseé no tener miedo para que se quedara, pero no pude. A años de ello, entiendo que el temor nos hace fuertes, y que esa bicicleta no era para mí, pero... ¡bendita sea! Con todo: la incertidumbre que me dejó, el miedo y la forma en que se lo llevó.

1 comentario:

Moxo dijo...

...un día que no es hoy, pero se le parece tanto...los afectos no cambian, cambiamos nosotros y nos damos cuenta que aquella figura omnipresente y omnipotente es igual de humana que nosotros...tienes todo mi respeto y mi admiración, estas trabajando tu hermetismo y eso es no ser cobarde, eres muy grande y te quiero.