martes, junio 01, 2010

De todo el mundo

No quiero mentir: hoy no quiero dar las gracias a nadie por nada. No quiero pensar, no quiero entender. Hoy quiero llorar, como niña de cinco, como el día que me llevaron contra mi voluntad hacia otra ciudad, como el día que descubrí que vivía sola (diez años después) y a nadie más le importaba.

Quiero llorar por mi casa que ha dejado de ser mía, por la gente que se fue para siempre sin darse cuenta que ya no podríamos abrazarnos, nunca más. Quiero llorar, porque no me da la gana razonar, saber que todo es para bien; quiero llorar por cada padre vivo o muerto - da igual me dejó -, aquí, aquí, por todos lados y sin ninguna parte. Quiero llorar por mis escaleras y mi desorden en cada habitación que ya no veré; por las paredes que no estarán; por mis tabiques y la estúpida puerta que nadie aprendió a cerrar, pero tampoco a abrir; por mi absurda lentitud al caminar; por mis manos torpes con el teclado; por mi incapacidad para olvidar; por mi estupidez y negligencia al amar; por mi poca actitud; por mi siempre soltar; pero sobre todo porque es martes y ayer fue lunes y desperté en otro hogar, en otra cama, que es la misma, pero sabiendo exacto que desde hace mucho, mucho tiempo, digamos diez años, es sólo mía.


Quiero llorar, por intentar, tratar, pensar, escuchar, por no gritar, por no decir a tiempo, fuerte, muy fuerte: basta, duele, estoy cansada... y esperar y esperar a que todo cambiara, pero no pasó, no ocurrió y sigo -maldita sea revalseando la misma estúpida canción que no voy a escribir, porque este corazón... está cerrado por derribo.

Sólo quiero llorar y olvidarme de respirar... ahora: ¡por favor, no quiero nada más por decir! porque ya lloro y aquí no acepto ni un cometa más, nada más que silencio, por favor! Pero no me lo darán, por eso regreso a este lugar el único que realmente ha sido mío.





Quiero llorar y lloro, he sido así tan extranjera, tan mar profundo, tan de nadie y de todo el mundo, y no lo entendieron jamás, a veces cuando se ama lo mejor es dejar ir, no insistir, no interpretar, el amor es un arte que grita ser vivido, no interpretado ¡Yo sólo quiero llorar... por Dios, me hace tanto bien escribir!

No hay comentarios.: