Me gusta mucho tocar la armónica, recientemente me percato que me gusta cómo suena al compás de los grillos de mi casa. En realidad no sé cómo ocurre que al primer sonido de la armónica todo se silencie en la mente. La calma se reestablece, tras varios intentos nada vuelve a ser como era. No creo que producir grandes melodías, sólo es el sonido... suave, largo, dulce o sobrio, es esa exacta mezcla de nostalgia que me deja tocar la armónica, lo sabía desde antes que la tocara, puedo reconocer la frase de Joaquín Sabina como mía: "... no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió."
Con mi llegada a este nuevo lugar pensaba constantemente en la ausencia del sonido de motores y en suma la calle, en su lugar llegó el sonido de los grillos, las risas de los niños, la conversación de los adultos que pasan cerca de mi apartamento. La vida ahora es como el sonido de los grillos, todo en calma y ellos "cantando". No sé cuándo comenzó a ser de este modo, pero bien sé que es grato vivirlo de ese modo. Todo va pasando, cada palabra y cada gesto, pero lo esencial permanece, como los grillos, como mis libros, como el agua que fluye.
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