Suficiente tiempo. Lo que más me gusta en la vida es CONVERSAR, bueno entre otras cosas, pero es que me parece que en una conversación cabe la vida entera. En el intercambio de palabras, en lo que se comparte. Con un poco de suerte una se halla ante personas que entienden esa magia y pueden pasar horas, equivalentes a la lectura de un libro, a una buena película. No cabe duda, conversar es un arte.
Si lo pienso un poco, el silencio también es un arte. El más delicado, el más sencillo, donde cabe todo lo que de tanto sentirse ya no es posible pronunciarse. El silencio que une, no ata; el silencio escampado porque los ojos han cesado de llover, el silencio que no dice más, porque todo está dicho. El silencio que encuentra, el silencio que halla. El silencio que no es de nadie, como el paso de un ángel, según Silvio. Como el agua que fluye, como la mirada de Mía, como la sonrisa de mi padre; como los ojos de mi madre, como las manos de mi hermano. Como el sol que ilumina lo que alcanza; el silencio es la caricia posible, la aventura inextinguible.
El silencio y la conversación, son un arte en sí mismo, "... porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada."
¿Qué le vamos a hacer? Me encanta conversar, pero en fechas últimas sé que lo que dicen mis ojos posee una mejor sintaxis que lo que dice mi palabra escrita o hablada.
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