miércoles, agosto 04, 2010

Las clases

Mi madre dice que desde pequeña solía "enseñar". Yo me recuerdo de pequeña en un salón de clases acompañando a mi tía Maribel, maestra de escuela primaria. Me recuerdo caminando entre pasillos de su mano, mientras ella revisaba las tareas de sus alumnos que aproximadamente tendrían mi edad. Recuerdo que la sensación fue sumamente agradable y que en ese momento decidí ser profesora. Al regreso se lo comuniqué a mis padres, quienes sonrientes me preguntaban si ya no sería "totola", doctora, confirmé su duda y pasaron los años. Ahora doy clases y de vez en cuando me toca ser doctora del corazón de mis alumnos, pero nada más. Algunas otras me ha tocado llevarlos a la cruz roja, curar algún desmayo, pero lo cierto es que ya han pasado ocho años desde que estoy como docente y ha sido una larga carrera, pero divertida.


Ahora que regreso a clases con más tiempo frente a grupo, me doy cuenta que es una decisión fuerte y serena, pero padrísima. Siempre que observo una reacción de asombro por una conclusión a la que en grupo llegamos, una conclusión que ellos y ellas han asumido y no saben cómo lo han hecho es super reconfortante. Siempre hay grupos que se distinguen de los demás por lo que te retan y por lo que te dan. Yo tengo uno así desde hace un tiempo, y hoy, como cada clase me hicieron recordarlo. 

¿Qué es la verdad? ¿Qué es la realidad? Esas fueron las dos preguntas más nutritivas de la semana y aunque  el camino tenga más pecado filosófico formularlas, plantearlas, inventarlas, son la mejor respuesta. 

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