Ha sido una semana pesada. Habrá que reconocerlo.
El tema es que no quiero hablar más de lo que ya haya dicho acá al respecto. Ayer sábado me vi con un par de amigos, como suele ocurrir para las tardes de descanso. Así que la pasé muy bien. Sin embargo debo reconocer lo que realmente motivó mi cambio de ánimo fue que tras mucho abstenerme de hablar sobre lo que sentía, me pasaba o pensaba, decidí conversarlo. Escuché entonces la mejor respuesta, un poco más de lo que necesitaba. Frente a todo cuanto me ocurría me dijeron simplemente: "...pues yo creo que chinguen a su madre todos y todo que debes ver lo bueno que hay, y por estar pensando en todo lo demás no lo ves." Me dio tanta risa, porque conozco a quien lo dice y casi puedo ver su rostro desenfadado mientras lo decía. Fue una de esas largas llamadas telefónicas. Después que conseguí carcajearme me di cuenta que es verdad, de vez en cuando es tan sano decir: ¡Qué chingue a su madre... la venda que no nos deja admirar el rayo del sol! Recordé tanto aquél sábado en que no quería despertar e irme a trabajar y a puntapiés me despertaron, rumié tanto el enojo que cuando más tarde todo salió tan bien en el trabajo, seguía pensando que mi berrinche fue innecesario, pero soy humana y a veces sólo tengo ganas de rumiar desdicha, tal vez por cansancio o porque simplemente, contra todo soy humana.
Y sí, finalmente hay que ver el cuadro completo no sólo la pincelada que ha salido tan mal. Seguiré pintando, qué más da.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario