Sucedió de noche, porque eso me ocurre con aquello que requiere una luz artificial: lo altero. Como en una película, que miras con ojos cansados y el cerebro extraviado, traté de poner atención ampliando el rango de mi visión todo cuanto me fuera posible hasta que me quedara suficientemente claro lo que allí se decía:
- ¿Está pasando o crees que está ocurriendo?
- ¿Te refieres a que si lo imagino o si en verdad ocurre?
- Me refiero a... lo que me refiero.
- Sí, ya está ocurriendo. Es 'kafkiano'... me estoy transformando.
- ¿Cuánto tiempo le rendirás tributo al olvido?
- El mismo que me dure en la memoria.
- ¿Hablas de tres meses?
- Casi todos en mis sueños lo hacen.
- ¿Es tu tributo?
- No. Es mi castigo.
- Entiendo.
- Sí, un crimen... un castigo.
- ¿Y ahora... ?
- Se llama libertad.
- ¿Duele?
- Sí, un exceso.
¿Cuánto tiempo pasó entre esta conversación y mi deseo por entenderla? Una hora, quince minutos más, pero no menos, y se estacionó en mi esta idea: "un crimen... un castigo", y la premisa de un tributo, éste: el olvido en la memoria que no entiende, que es su complemento.
Y ya ves... aquí está tu sonrisa persiguiéndome todo el día, la forma de tus manos, tu fe en todas partes; y del otro lado, la copia malhecha de un diálogo en marrón. No combato con ninguno, hay algo de cierto en el crimen y el castigo, algo mucho más fuerte en tu sonrisa persiguiéndome, esa que asegura con una certeza no antes conocida: "No te rindas, por favor no te rindas: yo me quedo... me quedo".

1 comentario:
tus ojos oleò y manuscrito
del mi cielo
tus manos
mislineasmidestino
aguardando
tu boca nace de lo que sueñan los besos
tu pasos musicalizados jazz
jazz cantando "creeme cuando te digo que el amor me espanta"
jazz jazz lloviendo
jazz jazz
te entraño!
tu-dì-habla!!!
Publicar un comentario