jueves, julio 12, 2007

Los cuentos que yo cuento...








Es como la canción del Joaco "...los cuentos que yo cuento siempre acaban mal", pero en poesía. Con el paso del tiempo me "cacho" (palabra favorita de este mes) fatalista y dramática, -no dramaturga que también me asumo. ¿Por qué? Pues por todo lo que está y soy, por las imágenes, por los poemas de hace un par de años, por la palabras y hasta por el whisky.


El cine que miro y las palabras que pronuncio de pronto se parecen tanto que cansan, pero esto es un poco el retrato de mí, de hace un par de años; ahora, por ejemplo, sé que con frecuencia en una circunstancia que puede ser digna de un sermón franciscano (conocido como "pancho", drama, show...), puedo decir "Altito" (palabra nueva y más favorita que la anterior, sinónimo de "¡Basta!", pero sin gritos), sin dar un paso atrás y entendiendo que ocurra lo que ocurra no debo moverme del sitio en que comencé esta vida que me ha dado por llamar mía, y que comparto con las personas que amo y me significan. Tal como he dicho: "Ésta que ves... esta que soy".


Con todo esto no quiero decir que dejaré el drama, porque está adherido a mi estructura, pero puedo mezclarlo un poco con un "algo" cachondón, como el poema que aparecerá después de este texto ("Hacia adentro", 2003), porque sé que el corazón arde y desde la selva de asfalto y cemento los silencios entierran, amenazan, fracturan, quiebran, pero... ¡me importa un pito, qué es lo que pase con mi corazón otra vez! En mí, en sí, hay una sola promesa: "Si la vida es un tren y se detiene 20 segundos frente a mí, me subo; y si acaso por despiste se detiene en la estación de la decepción, del dolor y/o desvarío, no me voy a bajar, pediré un bocadillo, gritaré por agua, al fin y al cabo esta es la vida y además que me gusta, me fascina compartirla contigo, contigo, sí, y también contigo y contigo y contigo...pero sobre todo contigo, dije ¿contigo?

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