¡Qué urgente es este abecedario!
O... de origen, como la sangre caliente,
la rabia discreta,
la piel en contacto;
¡qué urgencia en la carne, en la tierra,
en el cielo, en la vida que vivo!
P... de piel, de poro, de no-pérdidas,
y yo que ya no tenía pensamientos,
que del huracán regreso,
hoy... lo que hay en mis ojos ya no contengo.
¡Qué manía por explicarme las cosas!
¡Qué manía cuando la naturaleza entera
no explica el milagro de tocar una cuerda
y a ese acto llamarle música!
¿Cómo puedo explicar el roce de unas manos,
la sangre en las venas, la sin razón compartida?
Hoy no quiero, hoy me rehuso, me atengo,
me pierdo, me encuentro, me bebo, me absuelvo;
hoy, sólo hoy, sin otro matiz, me abrazo,
me enfrento, me abismo, no ceso.
Hoy, me sé la que soy, la que no he sido,
coincido conmigo, me sirvo un café,
una taza, la que guardaba para el gran evento,
para la tarde grande de un placer definitivo,
para el día, ese, especial, con prestigio,
hoy me la tomo, hoy me cobijo, me enfrento,
he crecido, demasiado para poder rodearme,
para no palparme, para no entregarme,
para no saberme, para especificarme,
hoy, me quedo, así, sin explicaciones
y un abecedario infinito, así, a merced,
con tanta sed por este delito.
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