lunes, diciembre 19, 2011

Omar, mi amigo.

Hace tiempo que nos conocemos; quizá más de quince años, pero muy poco que somos amigos. Esa forma única que tiene la vida para asombrarnos, hizo que el tiempo en que podíamos sentarnos y, frente a frente, nos viviéramos, al parecer no era el nuestro. Pasado el pasado, nos encontramos en una red social, y en la conversación inicial no fuimos capaz de diferenciar el paso del tiempo: temas en común, criterios y afinidades nos hicieron más que cercanos, íntimos. Hoy mi amigo Omar me permite recordar la figura literaria, propiamente de la retórica, anagrama, que permite mediante la descomposición del orden de las letras formar nuevas palabras, este es el caso: Omar, Ramo, Amor, Roma, Mora, todas palabras hermosa, en cuatro letras, como él mismo y sus asombros y sus ocurrencias. Le encanta sorprender a sus amigos con una llamada y hoy lo ha hecho conmigo, discreto como es él, simpático y excelente conversador, ha llamado para la felicitación correspondiente de navidad, mientras yo imprudentemente lavaba los trastos. Conversamos largamente compartiendo bromas y recuerdos. Es maravilloso que la vida te recuerde el paso del tiempo de esta manera. 

Ahora ya puedo afirmar lo que en el primer minuto del espacio en que volvimos hablar sospeché: Omar y  yo somos cómplices. Esa complicidad de intimidad, donde podemos leernos y asombrarnos de la forma en que coincidimos en personas, lugares y posibilidades. Es el hombre del buen gusto y quizá esa sea la razón por la que le he dedicado esta entrada, me maravilla la posibilidad que exista y podamos estar contacto, crear esa amistad a la que yo la bautizo como complicidad. Tal vez porque recuerdo que hace mucho aprendí que el amor es un crimen perfecto, pero para ello se necesita un cómplice. 


Me gusta pensar que aunque algunos kilómetros nos separan este hombre viene a acomodar mi esperanza por la humanidad, por la amistad y por la firmeza en la vida y en las decisiones, porque sin exagerar es una gran idea de la vida que una persona como él nos permita estar en el mismo camino. Mi amigo Omar, no sé de dónde toma el cristal con que mira al mundo, posee tanta certeza en los juicios, agradezco tenerlo cerca, agradezco más sentirlo cerca. Él no lo sabrá hasta ahora, pero más de una vez cuando pierdo el rumbo de lo que debo de hacer, una palabra suya de aliento, de reconocimiento, y vuelvo a recordar que sólo hace falta una persona que crea en ti, para saber que eres un héroe, puedes hacerlo todo, puedes con todo. Gracias, Omar. 


miércoles, diciembre 14, 2011

Hoy que no es martes 13

He tenido un día intenso, pero en toda su extensión. He hecho una dinámica de trabajo con la generación saliente, ha sido de un resultado próspero y radiante y me siento satisfecha con ello. No sólo ha sido este hecho lo que me ha encantado. También la capacidad humana que hoy ha quedado plenamente demostrada de "mirarse a la altura de los ojos", de aceptar el paquete completo -porque somos un paquete completo-, con nuestras fobias y nuestras filias, con nuestros errores y aciertos. Somos una moneda con las dos caras, pa' que sea valiosa, pa' que valga la pena. 

Así es lo que he aprendido hoy. Y es que el día comenzó de maravilla. Porque me encanta el "buenos días" y las palabras finales: "Ten un buen día". Tal cual fue un día intenso, donde corría y corría para llegar y llegaba, y el bombeo natural del corazón y la sonrisa en los ojos por seguir maravillada por la vida, por la humanidad, por la capacidad con la que la naturaleza nos dota para reconocer, enfrentar y aceptar la vida siguiente. 

Después de todo, hoy no fue martes 13, pero me parecía que era el día extendido muchas veces, por todos lados; recuerdo perfecto cómo ayer escuchaba el mismo bombeo en el corazón, el mismo ritmo, sabiendo que era un día de suerte. A cada momento se extendía una sorpresa, un encuentro o una palabra nueva que me hacía sonreír la mirada, - cosa muy complicada eso de sonreír con los ojos, pero es posible. Lo es. 


Hoy que no es martes 13, me gusta tanto que sea miércoles, como mañana jueves, como cada día; desde algún momento que elegí pensar que cada día es un día de suerte. El destino es más sabio que la voluntad humana, cuando permite que halles justo lo que no sabías que buscabas, porque entonces no es un encuentro, es un hallazgo, como el misterio, como el amor, como la suerte o la posibilidad, para ser franca esta última me gusta más. La posibilidad no es por suerte, la posibilidad es tan humana como el misterio de la poesía, como... no lo diré ahora, pero lo siento, aquí, cerquita, dentro.



Buena noche, toda la noche. 


miércoles, noviembre 30, 2011

Dulce noviembre

Se va noviembre. Como si fuera una persona, así lo siento. Se retira de la escena y me deja con su dulzura todo el calor de su buen comportamiento en mi vida. Realmente hacía ya mucho tiempo que no recordaba un mes con tanto cariño como el que ahora le tengo a este mes, de este año, en esta vida, para esta mujer que soy. Me quedan unas horas con este mes en el bolsillo que me ha dado tanto. 

Noviembre, dulce noviembre. 


Gracias por el amanecer, los amaneceres. La música y la vida. Gracias. 

lunes, noviembre 21, 2011

Una historia como un vitral

Escribo hace un rato aforismos, lo hago como un ejercicio personal, pero también lo hago porque me permite dar tiempo y espacio a la vida que transcurre frenéticamente y a veces no puedo dar constancia de lo que pienso, de lo que siento, ya he dicho en este lugar que soy medio "cavernícolita", por lo tanto no siempre puedo ser consciente de lo que me pasa. 

Así que decidí hacer los aforismos, a uno de ellos lo titulé "Mi vida conmigo"; el otro, "De la lluvia. Me ha gustado hacerlos. Así descubrí el momento exacto en que una historia, que ya ha concluido, se me fue convirtiendo en un vitral, debido a que si las emociones y el corazón son como el cristal, la historia que menciono, a tanto romperse, me había empeñado en seguir creando con los vidrios rotos, pintando, redecorando, pero no me decidía a darme cuenta que estaba rota, deshecha, sin posibilidad alguna. Tal cual, un día escribiendo en "Mi vida conmigo" me di cuenta de la historia vitral, ya no se podía siquiera admirar, cada pedacito se coloreaba de dolor, manchado de rabia, de furia, de llanto, mucho llanto; revanchas, resentimientos, mentiras, enojos, celos, todo eso que no construye, pero que alimenta el poder y el dominio sobre las personas, que controla, somete y "El cazador es cazado" por aquello que desea obtener; es decir, se queda tras la presa  y no puede hacer nada más que eso, esperar a la presa, sin darse cuenta que es él mismo y por eso se queda, por el poder que le da controlar, dominar, poseer, pero no por amor. Un día me di cuenta que estaba en esa historia de  "El cazador cazado", y se quedaban conmigo por la revancha, el poder, el control, pero no por amor. Durante varios días lo medité, pensé qué había pasado, entendí, acepté mi responsabilidad y me perdoné por todo el daño que causé, todo lo que lastimé; comprendí, lo que ocurrió del otro lado, y dejé de juzgar y justificar, simplemente supe que así habían sucedido las cosas y más tarde escribí: "Mi vida conmigo// Al fin libre me atreví a respirar, y desde el corazón dejé de decir: ni me sueltas ni te suelto, ni te quedas ni me voy."

Ahora ya ha pasado el tiempo, entiendo que fue una historia que jamás comenzó bien, no tendría por qué haber continuado, pero la naturaleza humana es extraña y concede las oportunidades que sean necesarias, antes de aceptar lo que en los primeros cambios de impresión es notorio, no había nada qué hacer. Nada en común y demasiadas historias empalmadas. Ahora sé que ya "solté" y sé que me han "soltado". No se trataba de amor, se trataba de esos vicios extraños de la humanidad: poder, control. Lamento un poco no haberme detenido a tiempo, porque al fin y al cabo esa historia es como tantas, no hay nada en especial que sea mía, fue una historia más que vivir, quizá lo diferente fue la forma en que algún día decidí hacer con ella un vitral, lo extraordinario, lo maravilloso fue el momento en que tomé el mismo vitral y lo tiré a la basura, porque aún cuando había una creación allí, la imagen me recordaría siempre todas las veces que me llamaron mentirosa, farsante, las mismas que fríamente calcularon qué hacer, cómo, pero no para qué. La misma en que me perdí, mientras me llenaba de celos e idealizaciones absurdas. 

Como siempre, como me enseñaron hace cuatro años, sé que un paso a la vez, un día a la vez y ... funcionó. Ya puedo hablar de esto, aunque por salud -y no es metáfora- me sigan diciendo que con cuidado porque no me hace bien, ¡qué va a ser! Después de todo, por fin acepté ir al médico, para que me recomiende qué es mejor para... porque finalmente no podría ser de otro modo, tarde o temprano enfermaría del órgano más maltratado en mi organismo, pero no por eso menos feliz. 

Cada día es un día diferente, todos los días son lunes, todos los días son sábado, todos los días es el mismo día en que tengo ganas de empezar una vez y otra más, que sumen mil, pero entiendo que no desde los cristales rotos, sólo el tiempo que es tan sabio sabrá el momento de comenzar, mientras escribo al amanecer, porque fue el exacto momento en que el corazón comenzó a latir fuerte, tan fuerte que entendí que el vitral estaba en la basura. 

lunes, noviembre 14, 2011

Aún así

He escuchado de todo en estos días, en cualquier sitio el clima socioeconómico y político  no es de lo más alentador, las noticias espantan, la realidad no miente. Aún así, yo pienso en la luna. 

He leído sinsabores, situaciones absurdas, males de todos, pero es que creo que este ha sido un año complicado para todos quienes habitamos la poesía llamada vida. Aún así, yo sigo bebiendo café, cada vez menos, cada vez más leche. 

He conversado sobre esta "realidad" conglomerada que nos busca y nos rompe la ilusión -es su trabajo- y aún así disfruto de un cigarro en momentos de descanso. 

He encontrado palabras desalentadoras, comienzos inútiles, ansiedad y nervios en los pasos que he andado, aún así viajo, paseo, respiro otras formas y otros olores. 

He visto tanto, y asumo que me hace falta tanto por ver, que los ojos no se me cansan y sigo sintiendo el amanecer con la maravilla de volver a empezar cada día; un día sigue al otro, alguien me enseñó eso justamente, un poco cada día, hace diez u once años, piano, piano. Aún así... sigo creyendo y sintiendo, porque creer y sentir es maravilloso, la fe no se muere ni la esperanza y lo agradezco. 

Así que todo esto es para decir que "todavía", que "aún", que "sin embargo", que frente a toda la desazón, el dolor, la muerte, la enfermedad, sigo creyendo que las luces que se filtran cada mañana por mi ventana son la forma que mis antepasados han elegido para manifestarse, y ello me da paz.  No sé si seré la persona que creo ser, pero sé que he elegido lo correcto. He elegido escuchar, leer, conversar, encontrar, ver... cuanto existe y quiero hacerlo. Me siento en paz, "aún", como unos versitos que escribí hace tiempo, tal como lo dije a la misma persona que me dijera piano, piano. Así es: "aún", aquí sigo, aquí estoy. Y eso "aún" a mí, me asombra, como esa sensación tibia que conozco de saber que he estado aquí por tantos años y me veo... "aún".

lunes, noviembre 07, 2011

Une

La muerte une. 

El dolor une. 

Increíble la constatación de este hecho, pero es verdad. Sabernos mortales une sin remedio. Entender que nuestra vida puede terminar... que somos finitos, une sin remedio. Entenderlo duele, porque el dolor es así, un vecino incomprensible que llega a nuestra vida y se acomoda para desayunar, comer, cenar, se viste y se calza de nosotros y nuestra vida. 

La idea no es pensar que sólo eso nos une a otros, no, el hecho que pienso es que el dolor une. Nos une a nuestros prójimos, a nuestros semejantes. 

Aún así encontré por estos días algo más: paz. La extraña sensación del silencio en el interior que no es vacío ni llanto ni angustia, calma, como el alma tibia y cada cosa en su lugar. 

En días pasados, no tantos, quizá tres o cuatro, la angustia fue innecesaria; semanas atrás acepté que el dolor recibido era inútil, perdidas irreparables, enfermedad, muerte... duelo. Y frente a todo dar la cara, escuché una frase: "No sé si seré un buen amigo, pero sé que tengo los mejores amigos." Eso me ocurre, los mejores. Los más ciertos y creíbles, en cada paso, en cada nueva situación. Y aprendí a tener paz, a conservar dentro el silencio y a respirar pausado, a escuchar el latido del corazón, la primera palabra, la sangre corriendo, el tamborileo, booom, booom...

Y la angustia cesó. Ahora sé que hay situaciones que deben aceptarse, porque nada puede hacerse, como la muerte, pero hay otras que deben acompañarse como la enfermedad. Ahora entiendo qué puede estar sobrevalorado y... lo comprendo. Me gusta esta paz. Me agrada entender que hay cosas por las que ya nada puedo hacer, pero acompaño, entiendo, cuido, estoy y me han dicho que eso es hacer. Lo demás es estar en paz, en calma, con el alma tibia y el corazón latiendo. 

Porque el dolor une, pero no ata. Crea un lazo incomprensible, pero sincero, el dolor impredecible, el dolor que viene, llega y nos hace crecer, no el dolor que se provoca y cansa y gasta y agota. 

En fin que la canción dice que "también de dolor se canta", pero yo ya no me sé más canciones por ahora. Así que me quedo con mi paz, porque bien lo sé: puedo caminar una milla más... puedo cambiar de domicilio, de ciudad, estado, país, pero no podré dejar de ser quien soy y sentirme en paz. 

martes, noviembre 01, 2011

Leyendo el omnibús de poesía mexicana



Letanías de María Sabina

Para oficiar en la experiencia de los hongos

Soy una mujer que llora.
Soy una mujer que habla.
Soy una mujer que da la vida.
Soy una mujer que golpea.
Soy una mujer espíritu.
Soy una mujer que grita.

Soy Jesucristo.
Soy San Pedro.
Soy un santo.
Soy una santa.

Soy una mujer del aire.
Soy una mujer de luz.
Soy una mujer pura.
Soy una mujer muñeca.
Soy una mujer reloj.
Soy una mujer pájaro.
Soy la mujer Jesús.

Soy el corazón de Cristo.
Soy el corazón de la Virgen.
Soy el corazón de Nuestro Padre.
Soy el corazón del Padre.

Soy la mujer que espera.
Soy la mujer que se esfuerza.
Soy la mujer de la victoria.
Soy la mujer del pensamiento.
Soy la mujer creadora.
Soy la mujer doctora.
Soy la mujer luna.
Soy la mujer intérprete.
Soy la mujer estrella.
Soy la mujer cielo.

Soy conocida en el cielo.
Dios me conoce.

Todavía hoy santos.

Oye, luna.
Oye, mujer-cruz-del-sur.
Oye, estrella de la mañana.

Ven.
Cómo podremos descansar.
Estamos fatigados.
Aún no llega el día.

Mazateco (siglo xx)

lunes, octubre 31, 2011

Mi amado Joaco













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 Ya no sé qué hacer con la emoción que tengo en mí, porque faltan cuatro día, 4, IV, cuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaatro días, para el concierto del Joaco, me gusta, me gusta, me requetegustaa.

 

jueves, octubre 13, 2011

Sólo este poema...

Tomo prestado este poema... hoy no tengo palabras más precisas que las que el poeta ha dicho antes. 








Me dueles

Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.

Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.

¡Qué claridad de rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.


Jaime Sabines

lunes, octubre 10, 2011

Estómago y esmótago

Me duele o me arde... ya exacto no puedo determinarlo, pero que tengo una crisis de gastritis ahora mismo, transcurriendo... eso es una certeza. 

Dicen que psicosomatizo todo y hasta hay quien dice que soy cavernicolita, cavernícola pues, pero lo dice en diminutivo para que no me lastime, a ver, qué perogrullo. No me lastima la palabra, me lastima que tenga razón y la mayor parte de las cosas que me pasan, las pase por algún órgano y eso ocasione dolor, molestia o simplemente incomodidad. 

Cuando me duele estómago, le digo esmótago, trato de hacerle pagar que se transforme en cualquier cosa, menos en lo que debe ser. En fin, me duele. Mañana será un día mejor, mucho mejor. Hoy nomás dejo constancia de la queja. 

[Cambio y fuera]

viernes, octubre 07, 2011

A todo se acostumbra una...



El reloj de pared se ha detenido. Y lo sé, pero me acostumbré a ver la hora cada tanto, cada reparo. Así que aunque lo sé, volteo buscándola. Supongo que esas cosas pasan. Me acostumbré a viajar al sureste de México, cada 3 ó 6 meses, a pasar los días de fin de año allá, a mirar tal vez el mismo cielo, los mismos lugares, las mismas costumbres, pero no pude jamás acostumbrarme a mirar el mismo rostro, los mismos rostros, las mismas sonrisas. Ahora no voy más y aún sigo pensando qué podré comprar este fin de año, qué regalos, para quiénes... aunque no iré. Es la costumbre. Pienso en algún fin de semana largo, como le decimos en México a aquellos en que la semana termina en jueves o comienza en martes, para estar en el sureste de México y simplemente sé que me acostumbré a hacerlo, pero eso no ocurrirá más. No por ahora. Quizá en un par de años. 

Hace algunos años digamos 5 ó 6, solía odiar las costumbres, o eso decía. Me gustaba cambiar hasta la ruta en la que llegaba a casa, después algo pasó -muchas cosas pasaron- y fui descubriendo la maravilla o comodidad de las costumbres, de la rutina por principio... así es. He dado en el clavo, estoy hablando de la rutina y hasta de la monotonía. Conservar el mismo tono hasta de la casa a través del tic-tac del reloj, creo que eso me estaba gustando, le encontré sabor, quizá porque hace 5 ó 6 años sentí que me rompían el corazón y tener de algún modo "el control" sobre el exterior me hacía pensar mejor las cosas, conservar el orden. Diría alguien "No entrar en pánico". Eso me ha pasado estos años, sentir de algún modo cierta "familiaridad" por la rutina, cierto sabor de hogar me venía bien. 

Y el reloj se paró y todo esto vino a cuento, cuando en realidad se trata de comprarle pilas y continuar viéndolo por la mañana y a cada momento que estoy en casa. Ese reloj... venía con la casa, me lo dieron hace un año y apenas lo coloqué hace un par de meses, había un hueco en la pared con clavo y todo y pensé que debía poner algo, ni siquiera era algo que planeé... lo que me recuerda que eso me ha pasado los últimos 4 años, situaciones en las que no planifico encontrarme y de pronto estoy ahí. Eso debe ser inercia o automatismo, nada que ver con momentos como este en los que escribo en automático y digo lo que me viene en mente, es otro automatismo, el típico que hace que no me dé cuenta en qué momento estoy sumergida en "algo" que no planeé, pero le doy la cara como si en verdad quisiera estar. Debe ser como el dicho de "a lo hecho, pecho", es decir que a lo que se vive, darle la cara. Creo que con el tiempo una aprende que no es así, no hay que dar la cara a todo, ni tampoco esperar que si una le da de comer a los puercos, el resultado sean flores. 

(Le estoy tomando a mi cerveza nocturna)

... 
Pues así fue, en los últimos cuatro años he tomado como rutina hacer de los eventos que me ocurren casuales o causales parte de mi vida, como puedo notarlo el resultado es 4-1, porque finalmente tengo saldo a favor, pero una perdida de tiempo en algunas cosas que no debieron ser ni rutina ni nada. El reloj no viene a cuento, pero mis salidas de viaje... mmm quizá no debieron ser tan... duraderas, no lo sé. Y bueno, las cosas a las que les hice "frente" tampoco, porque nadie me lo pidió, pero sobre todo, porque mi rutina, la buena rutina es viajar ligero, y el reloj... el reloj... me gustaba porque no puedo utilizar de muñeca, algo pasa con mi pulso que los paro ¿se lee ridículo? Se vive peor. En fin, por algo los relojes y mi organismo no se llevan bien. Tal vez eso debo recordar: las costumbres son gratas, la rutina es ingrata, te deja la desdicha de saber por alguna razón que no estás construida para ese tic.tac, si no pa' viajar ligero sin tiempo y sin tregua... eso me recuerda otra cosa, pero ahora no, hasta aquí con la rutina. De la tregua hablaré después, como aquella que la vida me dio hace once años, casi once años... -rápido que pasó el tiempo. Esa tregua... esa tregua, bendita. 

martes, octubre 04, 2011

...sigo en la pregunta

Ya terminó el día y yo sigo en la pregunta que hace unos días me hicieran: ¿Cuál es mi objetivo en la vida? Mtá... no pude simplemente responder. Algo digamos directo, no pude. Así que desde entonces, llevo horas maratón con la pregunta. En verdad que no puedo responderlo. Lo peor es que me aterroriza, porque sólo dos veces me han hecho tal planteamiento, hace 11 años y ahora. La pregunta me paraliza, me agobia y me pone directo a dormir. 

Así que después de cenar y prender el televisor (porque no lo veo, nomás lo dejo prendido), decidí dejar de pensar. Desde que comencé a hacerlo no hay una razón para que me mueva y prefiero dejar de hacerlo. Ha pasado de todo acá. Lo interesante de los hechos es que aún con todo cuanta pasa, no tengo más dolor de cabeza. No tengo cansancio excesivo y experimento cero angustia a la falta de respuesta. Meditar  y otras cosas sanas no ha dado frutos, así que decidí seguir, así, como suelo decirlo: aquí, sigo. 

En verdad que no entiendo mucho de la televisión, así que mejor veré una película, nada serio. Nada complicado. Los días que han de venir me mostrarán la respuesta. En tanto, seguiré escribiendo acá, donde afirmo yo misma que soy farsante, eso vivo en una vida que no entiendo, vivo acá, pero no sé pa' qué, confieso que ello no me hace sufrir, ni padecer. Tampoco duele. 
Ahora, buena noche, toda la noche y cambio y fuera. 

miércoles, septiembre 28, 2011

La cabeza

Hoy...

Duele.

Supongo que son los pensamientos. Las palabras leídas, escuchadas, las que revientan en las paredes de mi mente. Hoy, pienso que la tristeza duele. 

La cabeza desde el primer minuto que desperté de este día tan largo, duele. Al final de las pastillas, el dolor seguía y las actividades y el dolor y los pensamientos y el dolor y los pasos y el dolor. 

Mañana... sí, mañana, será otro día. Hoy, la cabeza, duele. 

martes, septiembre 27, 2011

Tengo varias preguntas

Van pasando las horas y me voy acostumbrando a esto de dormir mal, sentirme cansada, sentirme que no puedo y... levantarme sin querer. Así va la cosa. No es al ritmo de queja que lo digo, pero es que son casi las seis pasado meridiano y tengo sueño, me parece absurdo tanto sueño para que llegando a casa vuelva a estar como si nada. 

La primera pregunta que me viene en mente es ¿Por qué mido la vida en horas? Así ha sido, la mido en horas. Recientemente que estuvimos en un momento de angustia y zozobra, me percaté de ello, conté exacto que pasaron ciento veinte y nueve horas hasta que todo se solucionó en un asunto verdaderamente lamentable en la familia. Lo mismo me sucede en todo lo demás, las horas de sueño, las horas en que leo, hago, como, fumo, tarareo, las horas que pasan.

La siguiente pregunta tiene que ver con filosofía. Fundamentalmente creo que Michel Foucault es uno de los filósofos contemporáneos más importantes, por entero y sin medida, cada uno de sus planteamientos los encuentro de una verdad aplastante, no podría decir cuál es mi obra favorita, pero entre todo lo que leo sobre él, encuentro un paralelo no posible de visionarse con la línea de la melancolía, la melancolía, como tal y no la tristeza, la rabia blanca, la melancolía ¿Puede el estudio del poder llevarnos a la melancolía o es acaso que la melancolía nos lleva a cuestionar el poder, el poder absoluto, el poder sin frenos, el poder de tener... el tener poder? 

Como creo que ambas interrogantes se llevan de la mano con otras más, pero no las resuelvo, sigo escribiendo, escuchando música y preguntándome al final si esta idea de medir la vida en horas no es al mismo tiempo un rasgo de angustia, una neutralización para con la melancolía, por este poder al que estamos sometidas, sometidos? ¿O lo estuvimos?

lunes, septiembre 26, 2011

Recordando...

De las cosas que pasan en mi cabeza, algunas se quedan como una historia pa' contarse muchas veces. Cuando comencé este blog, lo hice a instancia de parte, es decir que alguien me dijo "¿Por qué no tienes un blog?" Dije, "No se me había ocurrido"... y nada que después se me ocurrió; pero ahí no termina la historia, continúa en que de esa conversación cálida y fresca, entre tanta palabra y tanto que decir y escuchar, al final me sonreí y dije: "La verdad que yo no tengo nada que ver con esta oficina, no tengo nada que ver con lo que dicen que hago acá, en este lugar. De uno u otro modo yo lo que soy es una FARSANTE." Y nos reímos. Así comenzó la idea de titular este blog como "Yo, farsante". Me parecía transgresor, divertido, paradójico... buena onda. Es decir, tanta cosa seria que debía de hacer y colocarme un mote como ese me divertía. Más tarde mis amigos, cariños todas y todos, solían decirme "No, Jazz, no te etiquetes de ese modo, eres franca y verdadera." Contaba la historia y "san se acabó" -que es mi santo más pronunciado. 

Recientemente me han dicho "Farsante", la verdad que lo agradecí profundamente, porque me recordaron que es un hecho conocido que no tenemos la más parda idea de las palabras que pronunciamos cuando queremos herir a alguien; en mi caso lo que hicieron fue recordarme la historia que cuento ahora y que seguramente ya había contado en otro momento, pero que en este me hace recordar, que esto soy, este blog con todas sus letras y lo que ello implica. Así que de ofensas nada, que me ha gustado un montón que me lo recuerden, porque si bien habrá quien piense que puede insultarme cuando me dice Farsante la palabra no puede ser más verdadera cuando se trata de dejar de ser lo que no puedo, dejar de actuar como no quiero, ir en contra de lo que deseo y sobre todo seguir actuando como si no pasara nada, entonces es verdad he sido una gran Farsante. Tarde o temprano pasaría: descubrirían que todo era una farsa, porque no, no podía continuar de ese modo. Ni de cualquier otro. A veces es así... lo que me lleva a recordar una frase que solía repetirme hace un par de años en el terremoto interno del 99, "A veces cuando pierdes, ganas." 

domingo, septiembre 25, 2011

Pensando...

Ando pensando o estuve pensando... no sé exacto, pero que estuve ausente, lo estuve, así que a escribir que al fin y al cabo estrenamos ordenador pa' empuñar letras o pa' teclearlas que va siendo algo semejante, pero no igual. 

Me gusta pensar que escribir con la pluma tiene sabor, tal vez porque empuñas la pluma y a veces cuando vienen a cuento palabras que desnudan, el torrente sanguíneo les imprime fuerza, más que las propias expresiones, más que incluso la habilidad con que estén escritas, en fin.

Hoy es domingo, un día como hoy, pero hace cinco años, solía no dejar pasar nada de lo que ocurría en mi entorno y lo escribía, luego llegó el blog y lo dejaba acá y me sentía mejor. Más tarde me fui apañando de todo lo que ocurría en mi entorno y buscaba un tema que me permitiera comunicarme. Creo que eso hago siempre, decir en imágenes lo que las palabras no me ayudan. Acá he hablado de mi padre muerto. Acá de mi Abue, muerta. Acá de mis dolores y mudanzas. Acá también de lo que me enfada o de la forma en que me enorgullecen las personas. Acá he defendido el derecho a que tengamos una humanidad con creencia, con fe, sin entrar en religiosidades. Acá he "puteado" lo que me enfada, acá he dicho cuánto me gusta leer, escuchar música, el cine, acá he repetido mi gusto por el café, por eso justo, por eso, dejo de pensar y pensar y vuelvo pa' acá, sin hablar de muertos, de esperanzas truncas o de sueños rotos, ni de corazones ni de espacios en blanco, acá vuelvo, nomás pa' seguir hablando de lo que veo, de lo que vivo y acá también vengo a reírme y a cagarme del mundo cuando ya no lo aguante. 

Por ahora, después de la declaratoria y refrendo de amor por el gusto de escribir en mi blog, me marcho. Regreso mañana, tal vez con desánimo o a putear al mundo, pero ni modo, así es esto que me encanta, escribir con nuevo teclado, con nuevo ordenador, más rojo, más larga la pantalla, pero el mismo pulso. 

martes, junio 28, 2011

Del gran Fellini

La primera pregunta
(La Dolce Vita, 1960. Dir. Federico Fellini)

Cuando creo que estoy frente a otra historia me percato que sigo contándome la misma. Tal vez como se ha dicho constantemente: el ser humano tiende a contar la misma historia, estableciendo medianas variaciones entre los hechos, colores, aromas, atuendos… investiduras al fin que le permiten destacar un detalle que en la primera ocasión no observó y que tras la segunda vista, ha adquirido un cariz diferente. Así me ha ocurrido. Durante algún tiempo me he preguntado ¿cuál es el sentido de la vida? ¿Qué significado posee la demanda social? ¿Cuál es la demanda personal, intrínseca al ser humano, esencial? ¿Qué queremos como seres humanos? ¿Qué quiero? ¿Dentro de lo que quiero, cuál es la diferencia entre lo que tengo y lo que poseo? Son sólo algunas de las interrogantes que me he planteado, pero son de utilidad si me percato que son las mismas que me llevan al cine, quizá me quedo sin respuesta inmediata, pero dentro hay cada vez más fuerte un sentido de la verdad posible.

El sentido de la vida; el sentido del amor; el sentido del trabajo; la vida como sentido, la vida sin sentido, la vida con sentido… En la “La Dolce vita” (1960) bajo la dirección magistral de Federico Fellini, es Roma, años sesenta, llegamos al filme con una toma aérea: la estatua de Jesús el Cristo que cruza la ciudad, en un helicóptero para llevar al Vaticano. En el camino, el helicóptero se detiene a  observar a un grupo de mujeres que están tomando el sol en una azotea, Marcello pregunta a las mujeres por su número telefónico y éstas le preguntan hacia dónde lleva la estatua. El ruidoso motor del helicóptero evita el mutuo entendimiento. Aquí encontramos el primer parangón que me remite a un advenimiento, a primera vista se augura mesiánico, es decir, la estatua de Jesús el Cristo llevada por el protagonista de la historia, Marcello Rubini (Marcello Mastroiani), periodista de la aristocracia y del espectáculo. Si siguiera la línea trazada hasta ahora, me atrevería a afirmar que el director ha dado el primer acercamiento a la historia: ambos personajes, la estatua del Cristo y el periodista a bordo del helicóptero, conforman una unidad, cruzan el cielo, sobrevuelan la ciudad y poseen un mismo destino: ser portadores de un mensaje. No obstante, vamos a detenernos aquí con el comentario, toda vez que nuestra mirada no se dirige al posible paralelo entre las figuras mencionadas ni por mucho al posible contenido iconoclasta.

La película aún cuando posee una estructura episódica, la genialidad del director permite que la mirada del espectador quede atrapada en cada uno de los sucesos por los cuales nuestro protagonista transita. Si tuviéramos que resumir en líneas precisas lo que la película muestra sería una tarea titánica, pero aún más ardua es darse a la tarea de “leer” lo que cada episodio de la misma señala.

Marcello nos lleva a transitar a lo largo de la Vía Veneto en Roma donde las celebridades de la aristocracia y el espectáculo se dan cita, acompañado de un joven fotógrafo Paparazzo; Marcello un joven escritor, quien se dedica a ser reportero de crónicas sociales, da la vista de ser no comprometido con otra cosa que no sea con el placer de sus sentidos, lo demuestran sus múltiples relaciones casuales con mujeres hermosas. Marcello parece enamorarse siempre, de todas las mujeres, y al mismo tiempo no comprometerse nunca con alguna de ellas ni siquiera con Emma su celosa amante.

Muestra clara de su enamoramiento eterno, con duración de una noche, es el encuentro con Silvia una espectacular actriz americana, a la cual sigue mientras ésta vaga en Roma y a quien jura su amor como si fuera la primera y la última vez, para luego acompañarla a su residencia y olvidarse de ella. De este encuentro cabe destacar dos escenas que personalmente han sido de sumo agrado: la noche en el cabaret, mientras la actriz baila en una modalidad de averno moderno, y por supuesto, el baño nocturno de la propia Silvia en la Fontana Trevi, que ha dado lugar a homenaje en otras películas[1].

El personaje de Marcello se presenta con todo lo que el ser humano puede ser en su complejidad, en su contrariedad, en su médula. Su deseo de abandonar su oficio y tomar seriamente su novela se me antoja titánico frente a su falta de compromiso, su dolor apenas dibujado por su padre, quien como visitante corre una parranda con él, pero al mismo tiempo al término de este episodio llega la partida del padre, el mismo que sin aducir por mi parte razones psicológicas me merece una nostalgia interminable.
Una tras de otra las noches de Marcello son grandilocuentes, los personajes que son mirados a través de sus ojos, como el caso del falso milagro donde dos niños mienten acerca de una supuesta aparición de la Virgen en las afueras de Roma, en donde se ve una multitud inmensa, una nostalgia enorme por recuperar la fe, una mirada sin pausa a lo que en nombre de la fe puede ocurrir.





Cada elemento de la película es tan vasto en el análisis que dando por sentado este hecho, debo aceptar que es el episodio de Steiner, un amigo intelectual de Marcello con una vida familiar perfecta, el cual me ha hecho volver a cuestionarme acerca del sentido de la vida. Steiner termina asesinando a sus hijos y cometiendo suicidio, privando a su esposa de saberlo e incluso mintiéndole para que no pueda detenerlo. Este episodio con todo su discurso previo entre Steiner y Marcello, con toda la voluntad por parte de quien tiene la vida perfecta me sobra dentro, porque me falta. Esa incomprensible necesidad de perpetuidad de los seres humanos, el sentido de la trascendencia como máxima aspiración y esa melancolía manifiesta y serena en cada uno de los pasos de Steiner que da frente a Marcello, que le ofrece su mano, cuando él mismo hace mucho, mucho tiempo que ha dejado de estar presente. No puedo asegurar que Marcello, como personaje haya comprendido este hecho, pero tras la muerte de Steiner, Marcello se adentra en una vida vacía, no importa el lujo porque cada lugar que pisa es en sí mismo una porqueriza de su propia existencia. Al llegar al final, Marcello acude a dos encuentros, un animal marino que ha llegado muerto a la playa, a quien no falta quien señale su aspecto y Marcello agregue que tal vez el animal, ya muerto, nos mire a nosotros y no a la inversa.

Y el último encuentro-desencuentro con una jovencita a quien conociera tras su primera entrevista con Steiner decidido a terminar su novela, Marcello se retira a la playa a escribirla, donde es interrumpido por la alegría y el carisma de una hermosa jovencita, mientras él intenta escribir, finalmente sin dar mayor razón Marcello regresa a la ciudad, previa llamada telefónica a Emma, negándose a la posibilidad de conocer a la jovencita o apartándose de ello. Más adelante esta alegre jovencita vuelve a presentarse ante Marcello, esta vez nuestro protagonista yace en la playa tras observar el animal, ella intenta llamar su atención, cuando finalmente lo consigue el ruido de oleaje del mar impiden que puedan comunicarse, no obstante cada uno de los movimientos corporales de la joven permiten entender que ella lo recuerda, lo identifica, lo ve, pero él… él ya no puede mirarse ni a sí mismo, quizá no se recuerda, quizá no tiene idea no sólo de quién es, si no de lo que alguna vez quiso ser.

La última secuencia del filme posee una belleza perturbadora, dejando vista la decisión final de Marcello; mientras la observaba no evité la sacudida interior; no evité que salieran a flote nuevamente las viejas preguntas; no evité si no que provoqué dejar macerar la falta de respuesta. Entiendo y acepto que la vida es una interrogante constante, como la última que nos regala el director en este filme; entiendo poco de las respuestas inmediatas, de las verdades abordadas desde el clisé, de la misma y solapada moral que nos entregan los diversos grupos sociales, de la importancia de la vida interior… es sólo que por un momento deseé que no llegaran a mi mente, como ahora, los versos de Tristán Tzara: “¿Cómo podría olvidar?/soy sólo un hombre hecho de tejidos y de años/de días rebasados a merced de la tormenta”[2] Y pese a éste arribo y por esta llegada, es menester decirlo: puedo entender y cuando dejo de hacerlo, comienzo a sentir tan humanamente como formulé hace mucho tiempo ya la primera pregunta.





[1] Elsa y Fred. Dir. Marcelo Carnevale, Coproducción hispano-argentina, 2005.
[2] TZARA, Tristán. La noche herrada. 

lunes, junio 27, 2011

Estampas de otredad V

Violeta
A Devora Liliana

Jasmín Cruz Cacheux

Violeta mira de nuevo. Asomada como está puede ver la puerta de la entrada del edificio. Llegará, sí llegará. Sonríe. Acaricia de nuevo sus aretes, los mismos que le regalara aquella noche. Permite que te los ponga… es tu color favorito. Violeta sonríe. Piensa una vez más en lo que dirá, reúne las palabras como si se desprendieran en el aire, como si por primera vez fueran a pronunciarse; agita las manos y mira de nuevo el reloj en la pared, siete y quince. Faltan algunos minutos, pero ella está lista. Vuelve a mirar por la ventana, aún no ha llegado. Siete y media, dijo siete y media, repite en voz alta. Camina por la estancia, decide finalmente prepararse un té, el café no le dice nada, desde aquel entonces en el té descubre palabras una y otra vez. Abre la alacena: manzanilla, limón, canela… mueve la cabeza, cierra los ojos y toma al azar una bolsita, prepara el agua; mientras espera no puede evitar sonreír, otra vez el recuerdo. El té está listo, toma asiento; piensa de nuevo en lo que dirá, sonríe, da un sorbo, otro, las imágenes regresan.
-          ¡Violeta, Violeta! Espera, yo… quería decirte que…
-          ¿”Querías” decirme o quieres?
-          Yo… Violeta, yo te…
-          ¿Tú… me?
-          Te … ¿gusta el té?
-          Sí.
-          ¿Cuál?
-          Manzanilla, canela, limón, lo tomo al azar.
-          ¿Al azar? Sí,  a mí también me gusta el azar, digo el té al azar.
-          ¿Eso querías decirme?
-          No. Quería decirte que…
Las siete veinte. Y tomamos un té… al azar. Dijiste cierra los ojos, pidamos al azar, apunta con la mano izquierda y yo lo haré con la derecha. Después hablamos de… de… nada, pero me hiciste reír. Toma la taza y nuevamente se acerca a la ventana; asomada como está el aire le recorre el rostro, apenas la caricia para que ella vuelva a recordar aquella noche.
-          Violeta, quiero decirte que tu boca tiene la forma del silencio.
-          ¿Cómo?
-          Sí. Yo quiero probarlo, sentir el sabor del silencio ¿Quieres?
Las siete veinticinco. Violeta toma las llaves. Las abraza con el puño y lo levanta. Abre la ventana, se sienta frente a ella, cierra los ojos.
-          Si te regalo un anillo que sea la promesa para seguir después de la vida juntos, será mi promesa; pero si te doy este par de aretes del color de tu nombre me prometo a ti, a estar siempre, en mi día y en mi noche, con mi frío y con mi sol. Si los llevas puestos el día que regrese sabré que me aceptas tal como soy, que somos par.
Violeta permanece con los ojos cerrados, sonríe. Llegarás, tú llegarás. No te he dicho que mi silencio no sabe si no te pienso. No te he dicho que sí, que quiero seguir cada día de mi vida como estos diez años abrazando tu nombre. Violeta suspira, arroja las llaves por la ventana. Abajo, una silueta camina hacia la entrada.
-          ¡Violeta, Violeta! Te…
-          Sí. Manzanilla, canela, limón, lo tomo al azar.
Siete treinta. Fuertes pisadas recorren los escalones. Violeta de pie frente a la puerta. Siete treinta. Diez años pasaron. Siete treinta. Violeta frente a la ventana. Siete treinta.


domingo, junio 26, 2011

De Buñuel...

“Paloma negra de los excesos…”
“El Bruto
(Dir. Luis Buñuel, 1952)
La película narra la historia de un hombre apodado “El bruto”, un matancero, que por lealtad a quien considera su amo comete un crimen, al menos es ésa la primera parte de la historia; más adelante la historia del propio Pedro nos lleva a observar un personaje que crece en la pantalla al compás del amor y los celos que conducen al protagonista a un trágico final.


Pedro, desde nuestro punto de vista, no es el único protagonista de la película. Existen en la historia, sin duda, elementos que nos llevan a afirmar al propio escenario como un protagonista, las imágenes de la sociedad y sus habitantes, encarnados en los vecinos que defiende su derecho a permanecer en la que han llamado su casa; y el personaje de Paloma, la amante de Don Andrés, dueño de la vecindad; con Paloma, la complejidad y riqueza de la seducción femenina sobre salen; la maldad y la tragedia son sólo consecuencias del despecho, prueba de “su amor” pronunciado y despreciado por Pedro.

Tenemos en la que podría considerarse la primera escena de confrontación entre Pedro y Paloma, el modus operandi de la relación: “Para eso que tú me quieres hace falta una cosa: que quiera yo”. Y con ello queda sellado este primer encuentro, pues como veremos en el transcurso de la historia damos cuenta que basta con que ella quiera, lo que ella quiera, aunque él ya no quiera. Este juego de palabras que nos permitimos no es ocasional si observamos que las pasiones humanas y los instintos se hacen presentes durante la relación que simboliza la traición hacia aquello que considera Pedro como sagrado: la lealtad a su amo.

Llama nuestra atención que a lo largo del filme Pedro, no hace mención alguna hacia la lealtad a su amo, mientras convive con Paloma, no hay un ejercicio de conciencia ni rasgo alguno de arrepentimiento hacia la relación que mantiene; tal vez ello es propio de un personaje que ha dicho de sí mismo: “No soy estúpido, yo pienso muy despacio”. Lo mismo ocurre al dejar a quien parece su primera mujer y la familia de ésta, no hay asomo de recuerdos ni razonamiento alguno sobre su partida, es entonces este personaje como ha llamado Ricardo Vinós “…bruto de circunstancia que no sobre su origen.”[1] Estamos ante un personaje que no entiende que ha matado a un hombre por “un golpecito” y que más tarde ese crimen será la causa que su amor por Meche sea malogrado.

En este filme apreciamos una de las premisas de Luis Buñuel: “Me interesa, como siempre, ver cómo las circunstancias van a hacer cambiar a los personajes. Es como meterlos en un caldo de cultivo. En ocasiones se puede comprobar que gente muy inteligente y civilizada, ante una situación de peligro común, se vuelve brutal, se animaliza. Y al revés. A unos la experiencia los mejora, a otros los empeora.”[2]

En “El bruto” el bien y el mal se confunden. Como la maravillosa cinta que es permite que el espectador no obtenga una premisa inicial de malo o bueno: el hombre ambicioso que pretende echar a sus inquilinos, es al mismo tiempo el hijo amoroso; los propios inquilinos pueden ser rencorosos si sospechan que Meche tiene una vida diferente a ellos; el mismo Pedro es al mismo tiempo el hombre leal a su amo y verdugo del mismo, tirano de una sociedad de la que proviene y libertador del yugo que los ha oprimido; Meche es la hija amorosa y paciente, y al mismo tiempo la mujer que decide vivir con Pedro sin atreverse a saber quién es y por qué sangraba la noche que lo conoció, es también la mujer que al tener noticia de la procedencia del hombre a quien se ha entregado lo abandona sin más.¿Y qué decir de Paloma? La mujer de Don Andrés, quien planea la muerte de aquellos que son un obstáculo, quien come una uva frente al espejo mirando complacida cómo se desbarata, pero es también quien le grita a Meche “El bruto es mío, nada más mío”, y a Pedro “Pégame, pero no te vayas… Bruto, no te vayas.” En suma, estamos ante dos triángulos con unos vértices comunes:  Meche – Bruto- Paloma- Andrés.

Luis Buñuel, al respecto del filme dijo: “La película es como es”[3] y hallamos razón en ello, Paloma es en suma la gran titiritera de la historia, quien decide la vida y muerte de quien le estorba o la desdeña, así lo vemos y escuchamos en la escena previa al desenlace que mantiene con Don Andrés: “… Hazlo que quieras, pero mátalo, por ti, por mí, mátalo”, y aunque aquí su deseo no se cumple, sigue su empeño hasta que lo consigue sea de la mano de Don Andrés o de la policía quien ha tenido cuenta de otro crimen y sale a buscar al responsable, mientras el padre de quien ha muerto come cuantos caramelos desee, pues por esa noche nadie habrá de vigilarlo.

En este filme el director Luis Buñuel, remarca con ironía el drama vivo de los desposeídos, remarca pues ya lo ha subrayado en “Los olvidados (1950)”, acierta en la forma en que convierte al verdugo en libertador, al victimario en víctima; a la brutalidad en ternura, y en algunos momentos en seducción. Y recordamos las palabras que Pedro dirige a Meche: “¡Caray, qué chulo es México! Antes tú no tenías a nadie y yo tampoco. Y ahora estamos los dos juntos.”

Al final de la película Pedro ha muerto, Meche está a su lado y Paloma camina por una salida casi en la oscuridad total, su rostro desencajado no parece satisfecho, se detiene un momento y mira a un gallo, con aparente asombro o con temor. El gallo parece decir que aún no amanece o que está por amanecer, pero no canta, quizá para ella no cantará más, tal vez para ella no hay más amanecer.



Ahora tras reflexionar un poco más, damos razón a la afirmación que Paloma camina hacia su propio infierno, hacia la penumbra en que ha decidido vivir; sin embargo, su forma de caminar no denota mayor emoción, si bien no hay fuerza o vitalidad, tampoco hay asomo de arrepentimiento o culpa. Paloma es la suma de sus decisiones, sus pasiones, sus deseos, pero sobre todo sus instintos, y el bruto era suyo.

El amor y la muerte para el Dir. Luis Buñuel, parecen dotados de un mismo ritmo, poseen un rito semejante; el amor hasta el crimen, el amor hasta la muerte, porque es como es L’amour fou “el amor loco” de los surrealistas, así es el de Paloma. En cuanto al personaje de Paloma, en esencia nos lleva a recordar un verso del cantautor español Joaquín Sabina: “Ponme la mano aquí macorina, rezan tus fieles por las cantinas, paloma negra de los excesos”, así es Paloma en el filme: deseada, alcanzada, poseída, despreciada, y al final “paloma negra de los excesos.” México en este filme está más próximo al título de la propia canción “Por el boulevarsic de los sueños rotos”.

Para concluir quisiéramos mencionar que mucha de la riqueza de este filme se encuentra en la forma en que el propio director ve a México y más allá de la teoría que pueda concebir a esta cinta como una tragedia, porque ciertamente lo es; México es visto por el director español como un cuadro de pasiones humanas, pero no sólo para contemplarse si no para transitar en él una y otra vez, como una vivienda, como una calle o como un boulevard de los sueños rotos.  


[1] VINÓS, Ricardo. Notas de discusión sobre la película “El bruto”, mayo 4, 2010.
[2] PÉREZ TURRENT, Tomás y José de la Colina. Buñuel por Buñuel. Madrid, Ediciones Pilot; 1999. Apud. Laila Ruíz Castillo. “Cronología de Luis Buñuel.”
[3] Idem.

viernes, junio 24, 2011

De Bresson ...

Decidir el final

“Mouchette”, Francia, 1967.
 Dir. Robert Bresson.

En Mouchette (1967), como parte del cine de Bresson, nos encontramos frente a una pieza digna de ser leída desde distintos aspectos, posee tal grandeza en sus matices que podría afirmar que es el espectador quien le da a los hechos presentados en pantalla su razón, su motivación, su lógica.

En Mouchette nos encontramos con una película que es como es, tal cual sin adjetivos. La historia desarrollada nuevamente en la campiña francesa, coloca como eje central a una joven adolescente de clase baja semirrural, obligada a realizar tareas cotidianas propias de otra edad, desaliñada, desafiante, provocadora, pero también algo ingenua  e insegura, se convierte en lo que se ha dado a llamar ‘antiheroína’, y como tal el tipo de adolescente a quien no se presta atención en la vida cotidiana e incluso se evita. Tal vez de allí la idea del título de la película, de allí la idea del nombre a la protagonista, Mouchett, mosquita.

Sin embargo, conforme el filme avanza nos damos cuenta que la mosquita, adquiere su propio recorrido, uno mayor al pasar de una mosca, pero durante setenta y ocho minutos nos muestra la vida de una adolescente marginal, sí, pero no sólo de la sociedad ni en una demanda por ocupar un sitio, por ser vista, una mosquita que pasa, que molesta, que se para sobre los lugares dulces, pero que no puede disfrutarlos.

Mouchette despierta la inusual sensación de ser testigo de “algo”, un “algo” maravilloso, pero indescriptible. La actuación de Nadine Nortier (Mouchette), genera un halo de ambigüedad y de misterio. La crueldad de los vecinos rurales, la figura de la madre como amor verdadero, la fatalidad son parte de los temas que durante las 24 horas que hemos recorrido la vida de Mouchette abundan, aún me pregunto cómo ver este filme y no dejar en la butaca toda esperanza por la convivencia humana, en su lugar llevé conmigo la necesaria afirmación sobre el carácter, recordando que si bien condición no es determinación, la decisión es un acto volitivo absoluto.

Así Mouchette, toma decisiones donde cualquiera con los elementos que posee se paralizaría, aparece como “mala”, irreverente, malagradecida, por asumirse quién es y cómo. En Mouchette con mayor claridad estamos ante la enorme dualidad del ser humano, imposible a simple vista comprender que exista en un personaje de su edad y condiciones, pero verdadero; recuerdo por ejemplo la escena de la violación por parte de Arséne, colocado encima de ella podemos apreciar que lentamente lo abraza, pareciera entonces que ella estaba enamorada del cazador, y el abrazo es un abrazo pasional; o bien se puede interpretar que ella tan necesitada de afecto termina por aceptar como muestra afectiva un acto cuasi materno. No obstante, también es posible decir que hay tanto en la protagonista que no existe una interpretación unívoca, porque Mouchette como los personajes de Robert Bresson son una construcción humana, imprecisa, ambigua, imperfecta.

De allí que en este orden vayan tan bien las palabras de la autora de Contra la interpretación Susan Sontag (1996): “La interpretación debe ser a su vez evaluada, dentro de una conciencia histórica de la conciencia humana. En determinados contextos culturales, la interpretación es un acto liberador. Es un medio de revisar, de transvaluar, de evadir el pasado muerto. En otros contextos culturales es reaccionaria, impertinente, cobarde y asfixiante.”[1]

Por último, me gustaría señalar que si bien es cierto que en el cine de Bresson los elementos que utiliza permiten al espectador saber que nada es de un solo color, no es una sola verdad o la verdad única no existe, tal como se puede apreciar el sufrimiento y la redención son parte de una misma situación. Bresson, muestra continuamente las dos caras de una misma moneda, así queda manifiesto en la letra de la canción que Mouchette canta, mientras la crisis epiléptica de quien será su violador ha cesado: «Esperad / tened esperanza / tres días / les dijo Colón / mostrándoles con confianza / el cielo ilimitado / y tendréis un nuevo mundo / vosotros que desesperáis / y más allá del mar profundo / sus ojos lo veían ya».

No sabemos exactamente cuánto tiempo ha transcurrido en la vida de Mouchette en las mismas circunstancias, pero las que se adivinan fuera de cuadro, son de por sí sumamente desgarradoras. Ante ellas Mouchette es irreverente, defensiva, confrontadora, pero también está a la expectativa sin manifestarlo: en la feria viendo “los carros chocones” y su expectativa es mayor cuando en su mano depositan una ficha para que pueda abordarlos; cuando mira a quien ha sido su compañero de juego, sin saber si acercarse o no, antes que su padre la lleve de vuelta a la realidad con un golpe; nos regala estarlo mientras ve andar el tractor justo antes de lo que, personalmente, parece su decisión final.

El filme realizado por Bresson no es posible atribuirle un solo significado, la construcción realizada con tal maestría del personaje de Mouchette, me lleva a afirmar que la protagonista ha asumido su propia desgracia; el director filma planos detalle de Mouchette limpiándose el barro de los zapatos en la alfombra de la casa de una anciana, o ensuciándoselos a propósito antes de entrar a la iglesia, o se la muestra arrojándolo a otras niñas. El barro es la marca que Mouchette utiliza para su camino, es la mancha constante, su sello. El filme me resulta maravilloso por su multívoca concepción, su compleja esencia, no hay por más que se intente un solo y verdadero significado, una sola interpretación, lo cual se agradece en todos los aspectos, tal como vuelve a señalar Susan Sontag (1996):

“Interpretar es empobrecer, reducir el mundo, para instaurar un mundo sombrío de significados. Es convertir el mundo en este mundo (<<¡este mundo!>>, ¡Como si hubiera otro!).
El mundo nuestro mundo está ya bastante reducido y empobrecido. Desechemos, pues, todos sus duplicados, hasta tanto experimentemos con más inmediatez cuanto tenemos”[2]














Mouchette tras la violación y la muerte de su madre, parece percatarse que esa espera no tendrá final, así que sale a encontrarse con ella, a jugar como la niña que va dejando de ser; a envolverse en un vestido de talla mayor y el cual no utilizará jamás; a rodar como lo ha hecho en su vida, pero esta vez, decidiendo el final.



[1] SONTAG, Susan. Contra la interpretación. Tr. Horacio Vázquez Rial. México, Alfaguara, 1996, p. 30
[2] Ibid., p.31