domingo, junio 26, 2011

De Buñuel...

“Paloma negra de los excesos…”
“El Bruto
(Dir. Luis Buñuel, 1952)
La película narra la historia de un hombre apodado “El bruto”, un matancero, que por lealtad a quien considera su amo comete un crimen, al menos es ésa la primera parte de la historia; más adelante la historia del propio Pedro nos lleva a observar un personaje que crece en la pantalla al compás del amor y los celos que conducen al protagonista a un trágico final.


Pedro, desde nuestro punto de vista, no es el único protagonista de la película. Existen en la historia, sin duda, elementos que nos llevan a afirmar al propio escenario como un protagonista, las imágenes de la sociedad y sus habitantes, encarnados en los vecinos que defiende su derecho a permanecer en la que han llamado su casa; y el personaje de Paloma, la amante de Don Andrés, dueño de la vecindad; con Paloma, la complejidad y riqueza de la seducción femenina sobre salen; la maldad y la tragedia son sólo consecuencias del despecho, prueba de “su amor” pronunciado y despreciado por Pedro.

Tenemos en la que podría considerarse la primera escena de confrontación entre Pedro y Paloma, el modus operandi de la relación: “Para eso que tú me quieres hace falta una cosa: que quiera yo”. Y con ello queda sellado este primer encuentro, pues como veremos en el transcurso de la historia damos cuenta que basta con que ella quiera, lo que ella quiera, aunque él ya no quiera. Este juego de palabras que nos permitimos no es ocasional si observamos que las pasiones humanas y los instintos se hacen presentes durante la relación que simboliza la traición hacia aquello que considera Pedro como sagrado: la lealtad a su amo.

Llama nuestra atención que a lo largo del filme Pedro, no hace mención alguna hacia la lealtad a su amo, mientras convive con Paloma, no hay un ejercicio de conciencia ni rasgo alguno de arrepentimiento hacia la relación que mantiene; tal vez ello es propio de un personaje que ha dicho de sí mismo: “No soy estúpido, yo pienso muy despacio”. Lo mismo ocurre al dejar a quien parece su primera mujer y la familia de ésta, no hay asomo de recuerdos ni razonamiento alguno sobre su partida, es entonces este personaje como ha llamado Ricardo Vinós “…bruto de circunstancia que no sobre su origen.”[1] Estamos ante un personaje que no entiende que ha matado a un hombre por “un golpecito” y que más tarde ese crimen será la causa que su amor por Meche sea malogrado.

En este filme apreciamos una de las premisas de Luis Buñuel: “Me interesa, como siempre, ver cómo las circunstancias van a hacer cambiar a los personajes. Es como meterlos en un caldo de cultivo. En ocasiones se puede comprobar que gente muy inteligente y civilizada, ante una situación de peligro común, se vuelve brutal, se animaliza. Y al revés. A unos la experiencia los mejora, a otros los empeora.”[2]

En “El bruto” el bien y el mal se confunden. Como la maravillosa cinta que es permite que el espectador no obtenga una premisa inicial de malo o bueno: el hombre ambicioso que pretende echar a sus inquilinos, es al mismo tiempo el hijo amoroso; los propios inquilinos pueden ser rencorosos si sospechan que Meche tiene una vida diferente a ellos; el mismo Pedro es al mismo tiempo el hombre leal a su amo y verdugo del mismo, tirano de una sociedad de la que proviene y libertador del yugo que los ha oprimido; Meche es la hija amorosa y paciente, y al mismo tiempo la mujer que decide vivir con Pedro sin atreverse a saber quién es y por qué sangraba la noche que lo conoció, es también la mujer que al tener noticia de la procedencia del hombre a quien se ha entregado lo abandona sin más.¿Y qué decir de Paloma? La mujer de Don Andrés, quien planea la muerte de aquellos que son un obstáculo, quien come una uva frente al espejo mirando complacida cómo se desbarata, pero es también quien le grita a Meche “El bruto es mío, nada más mío”, y a Pedro “Pégame, pero no te vayas… Bruto, no te vayas.” En suma, estamos ante dos triángulos con unos vértices comunes:  Meche – Bruto- Paloma- Andrés.

Luis Buñuel, al respecto del filme dijo: “La película es como es”[3] y hallamos razón en ello, Paloma es en suma la gran titiritera de la historia, quien decide la vida y muerte de quien le estorba o la desdeña, así lo vemos y escuchamos en la escena previa al desenlace que mantiene con Don Andrés: “… Hazlo que quieras, pero mátalo, por ti, por mí, mátalo”, y aunque aquí su deseo no se cumple, sigue su empeño hasta que lo consigue sea de la mano de Don Andrés o de la policía quien ha tenido cuenta de otro crimen y sale a buscar al responsable, mientras el padre de quien ha muerto come cuantos caramelos desee, pues por esa noche nadie habrá de vigilarlo.

En este filme el director Luis Buñuel, remarca con ironía el drama vivo de los desposeídos, remarca pues ya lo ha subrayado en “Los olvidados (1950)”, acierta en la forma en que convierte al verdugo en libertador, al victimario en víctima; a la brutalidad en ternura, y en algunos momentos en seducción. Y recordamos las palabras que Pedro dirige a Meche: “¡Caray, qué chulo es México! Antes tú no tenías a nadie y yo tampoco. Y ahora estamos los dos juntos.”

Al final de la película Pedro ha muerto, Meche está a su lado y Paloma camina por una salida casi en la oscuridad total, su rostro desencajado no parece satisfecho, se detiene un momento y mira a un gallo, con aparente asombro o con temor. El gallo parece decir que aún no amanece o que está por amanecer, pero no canta, quizá para ella no cantará más, tal vez para ella no hay más amanecer.



Ahora tras reflexionar un poco más, damos razón a la afirmación que Paloma camina hacia su propio infierno, hacia la penumbra en que ha decidido vivir; sin embargo, su forma de caminar no denota mayor emoción, si bien no hay fuerza o vitalidad, tampoco hay asomo de arrepentimiento o culpa. Paloma es la suma de sus decisiones, sus pasiones, sus deseos, pero sobre todo sus instintos, y el bruto era suyo.

El amor y la muerte para el Dir. Luis Buñuel, parecen dotados de un mismo ritmo, poseen un rito semejante; el amor hasta el crimen, el amor hasta la muerte, porque es como es L’amour fou “el amor loco” de los surrealistas, así es el de Paloma. En cuanto al personaje de Paloma, en esencia nos lleva a recordar un verso del cantautor español Joaquín Sabina: “Ponme la mano aquí macorina, rezan tus fieles por las cantinas, paloma negra de los excesos”, así es Paloma en el filme: deseada, alcanzada, poseída, despreciada, y al final “paloma negra de los excesos.” México en este filme está más próximo al título de la propia canción “Por el boulevarsic de los sueños rotos”.

Para concluir quisiéramos mencionar que mucha de la riqueza de este filme se encuentra en la forma en que el propio director ve a México y más allá de la teoría que pueda concebir a esta cinta como una tragedia, porque ciertamente lo es; México es visto por el director español como un cuadro de pasiones humanas, pero no sólo para contemplarse si no para transitar en él una y otra vez, como una vivienda, como una calle o como un boulevard de los sueños rotos.  


[1] VINÓS, Ricardo. Notas de discusión sobre la película “El bruto”, mayo 4, 2010.
[2] PÉREZ TURRENT, Tomás y José de la Colina. Buñuel por Buñuel. Madrid, Ediciones Pilot; 1999. Apud. Laila Ruíz Castillo. “Cronología de Luis Buñuel.”
[3] Idem.

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