martes, junio 21, 2011

De Buñuel

Bella en la sala
Belle du cinéma

(Belle du jour, 1966. Dir. Luis Buñuel)

“Bella de día” es la historia de una joven Séverine (Catherine Deneuve), casada con un joven médico cirujano (Jean Sorel), con quien lleva al parecer una vida tranquila, particularmente recreada por los primeros instantes del filme, no tiene que pasar mayor tiempo para que la aparente vida tranquila de esta pareja se nos revele con el particular estilo de Buñuel: una vida más controversial, completada por los sueños de la protagonista, las visiones que a cada paso nos permiten avistar que hemos llegado al universo de Buñuel, donde un argumento como el que nos expone nos lleva a todo lo contrario de una novela rosa.

Basada en la novela de de Joseph Kessel, la historia de Séverine es vista por Buñuel como un marco posible para narrar una historia desde las imágenes de sueños, fantasías, visiones y deseos de la protagonista. Esta película, de la que se ha dicho constituyó un hito en la carrera del director debido a su éxito comercial, además de recibir el León de Oro en Venecia, posee también el sello característico de Buñuel en cuanto a la perversión, a la sensualidad, visto en el transcurrir de la protagonista, los impulsos morbosos que imagina, los símbolos propios de un análisis freudiano y el propio temperamento de la actriz durante la ejecución.



Según avanza el filme las interpolaciones entre los sueños de la protagonista y los hechos que van transcurriendo se dan de tal modo que el espectador tiene incluso la posibilidad de establecer al final dos posibles desenlaces, pues ha pasado tanto del pensamiento de la protagonista a la pantalla que resulta más que difícil extraño poder apartar la fantasía constante de Séverine de la realidad. La historia de una joven con una vida perfecta, a quien presuntamente han agredido sexualmente durante la infancia y tal situación la ha dejado imposibilitada para aceptar el contacto físico, en todo caso la intimidad con quien es el estereotipo de marido perfecto; esta mujer quien más adelante conserva la curiosidad que se hace interés, por adentrarse en otra forma de ver la sexualidad, asistiendo voluntariamente a una casa de citas de Madame Anaïs, con el propósito hasta ese momento no velado de practicar la prostitución no con alguna intención de sacrificio, si no con el único interés de satisfacer un deseo. Asiste a la cita, asumiendo que saldrá de ahí todos los días a las cinco de la tarde sin falta, por lo que recibe el sobre nombre de Bella de día, pues su horario de entrada es a las dos de la tarde y se retirará antes que oscurezca. Los acaeceres de la protagonista nos son mostrados sin pausa, sus dudas, sus placeres, su imaginería, en algún momento hasta su arrepentimiento. Al estilo de Buñuel nos vemos conforme pasan los minutos en la mente de la protagonista, y en ese entramado cuando la película ha terminado algo ha pasado dentro, tanto como para suponer que hemos visto tal o cual objeto que no ha estado allí, así es la película nos ha crecido dentro.

El amor loco, el amor por el amor mismo tenemos oportunidad de verlo entre la protagonista y quien será el último amante de la misma, ese amor que la hace temblar y la paraliza a un tiempo, pero que no por ello la hace pensar en quedarse con él. El amor maduro, visto a través de la relación con su esposo, con quien ella ha decidido quedarse siempre, pero sobre todo al finalizar la película, quizá únicamente porque se ha quedado quieto, más quieto que nunca, más dependiente de ella, más profundamente doloroso, después de enterarse lo que su amada esposa ha hecho cada día desde hace unos meses y aún en la condición en que está reconocer que es precisamente la actividad recreativa de Séverine lo que ha motivado que ahora él esté siempre paralizado ante ella, dependiente de ella, quieto para ella, cuidado por ella, tal como antes, pero ahora la realidad objetiva es manifiesta de lo que antes podríamos afirmar sólo era el estado mental de la relación en que la joven pareja se encontraba.

Contrario a lo que me ha ocurrido en otras ocasiones este filme ya lo había visto, quizá en dos ocasiones; ello no constituyó un obstáculo para maravillarme con algunas secuencias de corte –según mi opinión- completamente psicoanalítico, no obstante desde la primera vez que tuve la oportunidad de verlo, lo que más me maravilló fue la reacción que suscita en el público tras su exhibición, y ésta no fue la excepción. Bella de día, creció desmesuradamente en la sala, posterior a la palabra “fin”. Supongo que la discusión es sorprendente cuando se trata de ostentar moral y buena conducta, o bien cuando permite cuestionarnos sobre la prostitución. Personalmente me agrada más la segunda postura, porque el cinismo me parece maravilloso en más de una ocasión, el sarcasmo me merece admiración cuando conlleva buena dosis de inteligencia, es por lo tanto  más interesante, permite ampliar la mira sobre el mundo; lo otro me aburre desmesuradamente, porque hablar de culpa, moral, buena conducta, ante un filme de la naturaleza de Bella de día, me resulta igual de absurdo que pensar si quiera que Buñuel filmaría una novela rosa, folletinesca, que lleve una moraleja, más allá de lo que hay en la mente de Séverine.

Bella de día, se transforma en Bella en la sala, se convierte en el pretexto para argumentar lo que debemos de ser, y afirmar con ello que estamos salvos. Todos tenemos “un cuarto de las ratas”, ese lado oscuro donde se guarda lo que pno es agradable, lo que no garantiza nuestra entrada a la sociedad, lo censurable, lo perverso –dicho sea el término como fue acuñado por S. Freud, el comportamiento que se desvía de lo habitual-, pero gozamos pensando que no existe, y entonces Bella de día es la mejor forma de censurar lo que saliendo de la sala, de cualquier modo sabemos que existe, no se mira en el espejo, no tiene un horario de de 2 a 5 de la tarde y quizá tampoco está dotado de ensoñaciones clave, símbolos psicoanalíticos, pero estoy segura que allí donde se alza la voz para argumentar contra lo perverso que hay en Bella de día, se trata de no escuchar el ruido a montones que hay en el cuarto de las ratas que todos llevamos dentro, y no se silencia por más que lo deseemos. Bella de día, Bella en la sala, y en la vida cotidiana Bella por todos lados, mala suerte porque no será tan bella como Séverine y quizá no tan enigmática como la cajita cuyo contenido es un misterio ni tan tintineante como las campanas de entrada y salida del filme, pero es nuestro, habrá que mirarlo, escucharlo y aprender a vivir con él sin Anaïs, qué desdicha, sin horario, pero con todo el deseo porque no nos paralice.

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