“…para reconocer nuestra estatura en la tierra."
A Liz.luna
Constantemente imagino que en el cielo hay formas diferentes, más allá de las figuras halladas en las nubes. Pretendo que en el cielo hay verdades por descubrir. Me complace la idea. Hace mucho tiempo en los años de adolescencia pensaba que en todas partes había señales, símbolos de aquello que buscamos que nos indican o sugieren qué camino tomar, hacia dónde ir… más de una década después sigo pensando lo mismo. Al principio pensaba que más allá de la filosofía, como base suprema del conocimiento, estaba siempre de la mano la ensoñación, sigo pensando en ello lo confieso. Entiendo también que este no es el sitio para discernir acerca de la filosofía y la ensoñación, pero sí el sitio adecuado para hablar del cielo como receptáculo y emisor de señales, alumbramientos, ensoñaciones.
Desde hace un par de años conozco a otra mujer que no únicamente describe como yo imaginerías en el cielo, sino que lo estudia. No es ella una científica, en sentido estricto, su labor no tiene que ver con la astronomía ni la ciencia exacta; pertenece a la clase de conocimiento que la realidad occidental no le concede crédito: la astrología. La astrología que en su definición más próxima aparece como el conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, y con ese conocimiento pronosticar los sucesos futuros. Escrita de este modo es eso una creencia, un conjunto de creencias, pero también es un conocimiento; cuanto he leído un poco acerca de la astrología me asombra que haya sido prohibida, si se afirma tan inofensiva, tan carente de veracidad, ¿por qué prohibirla, condenarla y castigarla en su práctica o simplemente en la atención que se le prestaba?
En la actualidad, la comunidad científica la considera una falsa ciencia o superstición, sin mayor valor. No obstante, a mis treinta y tantos, sigo recordando mis paseos adolescentes mirando al cielo, los años que llevo compartiendo las largas conversaciones con esta mujer astróloga; todas las anécdotas que se desprenden de “si mirar al cielo”, la forma en que le da fuerza conocer acerca de ello y saberse enriquecida con ello. Las tantas ocasiones en que una predicción suya me ha hecho reconsiderar una situación personal. Sigo creyendo que debemos mirar al cielo de cuando en cuando, no sólo para conocer una predicción sino también para reconocer nuestra estatura en la tierra. Mirar al cielo para mantener durante el día la cabeza erguida, aquí, en el suelo, con nosotros que estamos llenos de planetas y causas próximas, plenos de razones que la ciencia no alcanza a explicarse; de sueños que las diversas disciplinas dan forma, pero que desde hace mucho, mucho tiempo es sabido que en ellos se consagra nuestro paso por el mundo. Aquí me quedo yo, creyendo en planetas y posiciones lunares, escuchando como la influencia de Saturno, la de Júpiter, explica más de una vez lo que siento, al final, Lizluna, me lo ha dicho tantas veces: en los astros está la predicción, en la voluntad personal la última decisión; el destino, se construye con voluntad, con carácter, mirar al cielo es también un acercamiento personal a lo divino que hay en nosotros, a nuestra estatura personal, después de todo ¿a quién no le ha parecido alguna vez que la luna es la responsable de algo inexplicable?
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