Hace tiempo me regalaron unas máscaras de barro, tres máscaras; la verdad que hacía mucho tiempo que veía máscaras por todos lados y me atraían, pero aquel día mientras miraba las máscaras colgadas en la tienda me dieron muchas ganas de quedarme con ellas. Primero busqué en los bolsillos y supe que podía quedarme con ellas, luego las pagué y me quedé sin dinero, así que sin preguntarme nada más me devolvieron el dinero sin problemas, como si jamás las hubiera pagado, un poco lenta, me tardé en entender que era un regalo.
| Las pioneras (2008) |
Luego llegaron las de barro negro, muy típicas de teatro, con motivo de mi cumpleaños, hace dos años, y se convirtieron en las máscaras que determinaron lo que hacía y lo que quería en ese momento, pero también en lo que creería siempre, el teatro.
| Las que determinaron una pasión (2009) |
Para entonces ya estaba convencida que me encantaban las máscaras, me fascinaba su estructura y me remitía a los años más dulces de la infancia, mi llegada a vivir con mi abue y las primeras leyendas que me fascinaron y ejercitaban mi imaginación. Así que la siguiente la compré yo, desde que la vi me fascinó, era agosto del mismo año (2009), me gustó el rojo y la expresión y me quedé con ella.
| En agosto, 2009. |
Luego uno de mis amigos llegó una tarde con una máscara de latón cuya expresión se amoldaba al espíritu de la tarde, ni siquiera se atrevía a decirme que era para mí, así que sólo buscó un clavo en la pared de la casa donde vivía en aquél entonces y la colocó sin decir nada más. Me miró y sonrío.
| Febrero 2009 |
El tiempo seguía su curso y en un nuevo cumpleaños de manos de una ilusión que se veía perdida llegó la siguiente máscara, ésta tenía la particularidad de las primeras: alargada, una expresión semejante y dos tortugas unidas.
| En el siguiente cumpleaños |
Iniciando el año, en la actualidad, nos fuimos a un paseo acostumbrado a Tepoztlán y al entrar en un típico lugar de artesanías coincidimos con tres máscaras de madera tallada, decidimos quedarnos con aquella que tuviera la expresión que por entonces nos dejaba sin palabras. De algún modo funcionó porque la expresión quedó congelada y nosotras intactas.
| La que se quedó con el desconcierto (2011) |
Y bueno, tal parecía que salvo dos máscaras que no están en casa, estas eran mi compañía, pero recientemente nos fuimos de viaje a Valle de Bravo, alias "El dorado", y nos encontramos otra de barro, mucho más grande que las anteriores y pesada y esmaltada, el reto era cargarla cuatro horas o un poco más, así que lo acepté y ya está en casa, no puedo decir que está intacta, porque uno o dos rasguños se llevó en el trajín del viaje, pero esta es la capitana ahora.
| La capitana 2011 |
Y bueno, hasta ahora con un par de salvedades que ya estarán en casa próximamente esta es mi colección de caras, de expresiones y que me remiten a la infancia y a la querencia por este mundo en el que vivimos, aún no sé cómo, pero lo consiguen.
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