Recordé que hace 7 años mi padre me llamó en punto de la hora en que nací y me dio serenata, los kilómetros que aparecían entre él y yo hicieron de esa serenata memorable para siempre. Recordé hoy su voz, su acento, las palabras que me dijo, el poema que tantas veces repitió ("Bienvenida" de Mario Benedetti), y su emoción al repetirme el diminutivo tan acostumbrado ("Mines"). Años después haría un rito semejante, porque siempre lo hizo desde que tengo memoria, no importaba el desvelo, mi padre llamaría a la hora que nací, como desde el mismo día que ese hecho ocurrió.
Más tarde soñé con mi Abue, que no era una santa, que era una bruja para muchos, pero para mí, era mi hechicera, la vi de nuevo aproximarse a la mesa del comedor donde desde los ocho años yo me sentaba a hacer la tarea; nuevamente sentí su beso en la frente, su alegría y su perfume, se regresó a su habitación y me dio un perfume, "uno de señorita", porque ya era para ella, desde ahora y para siempre una mujercita, que debía llevar perfume siempre, que debía cuidarse... mi abue.
Ahora ellos ya no están, pero se quedaron en mis sueños, en mis recuerdos y son parte de esta mujer que soy, de la persona y del ser humano en que me he convertido. Mi madre ha estado conmigo desde que tengo memoria, es quien llama cada vez y me vuelve a contar la historia de mi nacimiento, vuelve a abrazarme a distancia y a repetirme las circunstancias de mi nacimiento, la forma maravillosa en que la hice mamá y lo orgullosa que se siente de saber que estoy y vivo, mi vida diferente a la suya, a veces repite que ella escribe con los pies -refiriéndose a su caligrafía, y le fascina que sea yo quien escriba con las manos, mi mamá y sus metáforas -¿cómo no nacer poetisa?
Este año no hice una lista de regalos en este sitio, pero la vida se empeña en seguirme sorprendiendo a cada instante, hay tanto por aprender de cada espacio y yo apenas que voy a la mitad de todo. Este año no sigo al poeta Sabines, no me receto tiempo, ni abstinencia ni soledad, no quiero. Este año tengo a mis hermanos Quique y Miri, mis hermanos por la sangre que nos une, Alvaro y Ángeles; mis sobrinas y sobrino, Dafne, MaryJo, Alexa, Mía y Alvaro, cada una, cada uno; a mis amigos, a mis amigas que son la familia que elegí, el corazón llenito de amor, porque aún cuando me duelo que ya no estén, aún cuando me duele que ya no pueda abrazarlos, siempre tendremos los sueños, la posibilidad de encontrarnos en otro plano, en otro lugar, en otro espacio.
Reconozco todo lo que me gusta, por todas partes en mi casa, cuánto me gusta lo que me gusta, cuánto ha dolido lo que ha dolido, pero es maravilloso vivir con los ojos abiertos y el corazón tibiecito. Vivirme, vivir, porque vivir vale la pena, la alegría y lo que haya que seguir.
Gracias vida, gracias, por este año que no sólo se suma y no se resta, sino es tan parecido a la cima.
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