martes, noviembre 27, 2012

La casa de cabeza

Me encanta Mina, a ella no le encanto tanto, sobre todo cuando tengo que trabajar todo el día o no podemos pasear, así que de vuelta se pone muy de mal humor y hace toda clase de ligerezas. Incluso así le aprendo mucho. Uno de estos días, estaba en verdad enojada, así que contra todo pronóstico viró su casa y se quedó fuera de ella; no fue un simple gesto de protesta, fue un error. La miré azorada al día siguiente que estaba en verdad lamentable de frío y de la mala noche que pasó. Seguía molesta, pero en realidad tenía el aspecto de estar molesta consigo misma. Mientras la observaba, me percaté de la verdad que hay en las palabras aquellas que dicen que cada perro se parece a su dueño, en este caso a mí. Porque eso he hecho en las últimas semanas, dejar mi casa de cabeza y mi cabeza sin casa. 



Deje le cuento, me dedico a escribir y eso lleva a que lea interminablemente. Gozo de una salud intermitente, a veces tengo ganas y a veces no. Eso no me quita el sueño, el sueño me lo tengo que quitar yo de vez en cuando. Para estar acá, para poder escribir en silencio, mientras el mundo duerme. Quizá no el mundo, pero sí mi mundo. Esa es otra historia, una bonita historia que ha ido creciendo acompasada. [Deje le comento que es mi mejor historia, pero ahora estamos hablando de la casa de cabeza y la cabeza sin casa, así que no es necesario que me detenga a contarle de cómo el corazón se quedó pronunciando un sólo nombre y aprendió a quedarse en un sitio y exhaló el mismo suspiro, y de vez en cuando tiene que reconocer que el ático de la vergüenza y el cuarto de las ratas se enfrentan, pero hace de todo menos huir, porque sabe que todo está bien.]

Así que le decía que la casa viró y me quedé por fuera, supongo que fue el miedo, sí, el miedo a no creer o a creer  que las cosas se pondrían feas si no aceptaba lo que fuera, como fuera, porque fuera. Entonces, dejé que la casa se me pusiera de cabeza y los ojos se me quedaran dentro, vi llegar la nostalgia con su cadena de tormentas y me quedé esperando, hasta que al fin cansada y aturdida como Mina, una mañana miré los sillones, la cama, los ojos vacíos, los peces, las tortugas, me puse en pie y comencé por tirar lo que no servía: malas decisiones, dos o tres números telefónicos, ausencias por todos lados, pedacitos de frío. Aún sigo en viraje, apenas empieza este lío. Sé que va tomando forma, al menos los peces ya están listos; Mina ya duerme en su cama. Las tortugas, cada una en su pecera y yo... yo sigo a la cama, pa' dormir a su ladito. Realmente me voy a leer, shh! No se lo digan, es parte de acomodar la casa, la cabeza y el corazón, con un único latido.

Seguro que no duermo pa' nada, seguro, tampoco importa, mientras duerma conmigo. Otro día le hablo de sus ojos, que ahí cabe el mundo, el mundo enterito, al menos el mío.

Buena noche o buen día. 

lunes, noviembre 05, 2012

Es lunes

Y tienes la exacta sensación de haberlo perdido todo. La semana inicia, pero tú crees que lo has perdido todo. Entre las sábanas quizás un pliegue te detuvo para seguir el camino y te cansaste de intentarlo. No importa. Lo has perdido. Se te cayeron entre las imágenes que alucinaste las ganas y ante tal extravío se te rompieron los deseos. Hay, sin embargo, un lugar para la esperanza. Aunque ahora no la busques. Es sencillo, entiendes que te has equivocado, por todos lados, por todas partes y no tienes más que aceptarlo. Tampoco quieres más. Algo pasó, no sabes qué, pero ocurrió. Es un momento en que no sabes qué pasó ni por qué. Quizá es humano, como tú, que eres humana y te faltan los deseos y los moldes y las palabras, a veces, cuando hace frío, pero también cuando tienes un presentimiento, único, personal. Lo has perdido todo. Tendrás que seguir la premisa: nada está perdido si tienes el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que volver a empezar. Eso, tener el valor de saber que todo está perdido y volver a empezar. Lo ha dicho alguien, no has sido tú. También has perdido en la memoria tal referencia.

domingo, noviembre 04, 2012

Los sueños, sueños son.

Dice el poeta, como va el título de la entrada. Y pienso en los sueños. ¿Qué significa soñar? ¿Qué son los sueños? Me lo quedo como aprendizaje del día de hoy. Pienso en Oliverio, aquel personaje emblemático de la película "El lado oscuro del corazón".

Caminaba por las calles de Argentina y gustaba del paseo trivial con la muerte, quien solía decirle que no se lo llevaba porque todavía repetía palabras que lo hacían intocable, pero que un día las olvidaría. Mucho tiempo me pregunté qué palabras eran aquellas. Apenas hace días que lo vengo a comprender: son sueños. Todavía, Oliverio, tenía sueños.

Y qué caray, tras tanta vuelta y revés también pasa lo mismo conmigo, todavía tengo sueños y sueño. ¿Qué es esto que se mece en mis cabellos? Tiempo, pero no desolación. Defendí con las ganas de mi propia locura, esa extraña sensación que generalmente nos aleja de disfrutar nuestra vida.

Entiendo con humildad, el paso del tiempo y me sé finita y mortal. Aún creo. Quizá sí miro demasiado hacia atrás dejaré de hacerlo, pero al pasar sólo me parece vida que se ha vivido y más sueños, nada más.

Hoy pensé en esto, en esta madrugada, porque me encontré con personas que hace mucho no veía y noté que ya no sueñan. Simplemente se cansaron, ciertamente más jóvenes que yo, mucho más, y han decidido no soñar. No me quedaron ganas de estar más ahí, pensé tan sólo en regresar a casa, literalmente corrí a casa. Porque ahí, era el sitio exacto donde soñar ya no tiene sitio. Prefiero quedarme donde voy y seguir soñando. Acá tengo un estacionamiento de sueños, vehículos intactos para despegar: mis libros, el cine, mis cuaderno de escritura. Ya lo decía el gran Cortázar: los libros van siendo el único lugar donde se puede estar tranquilo en casa.

¡Y qué le vamos a hacer, sí, la vida es un sueño y los sueños, sueños son!

viernes, octubre 26, 2012

La maravilla de Burton

¡Qué maravilla es el cine! Definitivamente ir al cine, ver cine, es asombroso. En esta ocasión se trata de un evento por demás apreciado por la cinefilia en general, se trata de “Frankenweenie”, la nueva cinta de Tim Burton. Tan sólo la combinación de los nombres, mientras escribo, ya es una garantía para el asombro. 

La cinta tan esperada, aborda la experiencia del primer enfrentamiento con la muerte, el momento en que nuestra primera mascota fallece y comprendemos el dolor inenarrable de la perdida; pero también es la experiencia de la amistad incondicional y sin reservas. 

Víctor Frankestein es un niño inventor, un pequeño que ama la ciencia y que transcurre su día a día en compañía de Sparky (su perrito), un día ocurre lo peor y el pequeño Víctor deberá enfrentar lo ocurrido o atreverse a modificarlo. La cinta es a todas luces un homenaje al cine de horror clásico, tomando como punto de partida y referencia fundamental el clásico de Mary Shelley, la combinación realizada a partir de la mirada de Tim Burton, resulta entrañable. 



Dos elementos en particular hacen de esta cinta memorable: su realización en stop motion que combinado con efectos visuales consiguen una armonía visual y el doblaje en español que concede las características propias a cada personaje dotándolos de individualidad sin caer en lo burdo. 

Burton, consigue en Frankenweenie renovar la frescura de sus cintas anteriores, con su estilo característico. La película fluye naturalmente, creando un homenaje al cine clásico de horror. Queda por destacar que si los detractores del gran Tim Burton dudaron alguna vez del encantamiento del director, muy a la manera de Burton hay una respuesta dentro de la cinta: si funciona no sólo es porque tiene conocimientos es porque ha puesto el corazón, algo que “parecía” muerto “¡está vivo!” y es maravilloso.

jueves, octubre 25, 2012

Cuando fui mortal con Marías


Leía a Javier Marías en su columna semanal; leía y me intrigaba cómo serían los mundos, los otros, los del relato, aquellos que en cada palabra pudiera recorrer y trasladarme a las formas que acuña el escritor español, sencillas, transparentes. Luego llegó este libro “Cuando fui mortal”, publicado por Alfaguara, una coordenada de relatos escritos entre 1991 a 1995. Encontramos en el conjunto, personajes y situaciones de nuestra imaginación a la del autor: un médico español que visita de noche las casas parisinas de mujeres casadas; un guardaespaldas que deseará la muerte del hombre a quien protege; o un fantasma que conoce cuanto ocurrió en su vida. En total, doce relatos que van desde la crónica de costumbres contemporáneas a los cuentos de fantasmas. 

Javier Marías (Madrid, 1951), hijo del filósofo Julián Marías; es un escritor, traductor y editor español, miembro de la Real Academia desde 2006, donde ocupa el sillón R. Conocido como novelista y columnista del periódico español El País, el madrileño explora la cuentística y el relato desde hace ya algunas décadas y con cada una de sus piezas nos recuerda que si bien un escritor de cuentos no dispone de mucho tiempo, porque el lector no permitirá que éste transcurra en vano, con Marías el tiempo no sólo es un gran fugitivo, sino que su prosa consigue que lo olvidemos y nos adentremos a otras dimensiones. 

Javier Marías, recién ha presentado su libro “Mala índole” (Madrid; Alfaguara, 2011), considerado como la tercera recopilación de relatos, antecedida de “Mientras ellas duermen” y “Cuando fui mortal”, este último, del que hablamos ahora. El escritor desde la primera recopilación se refiere a sus relatos como aquellos que considera: “aceptables” o “aceptados”. En cada uno de estos relatos, el nombre del libro es a su vez un cuento, central o no, representa el espíritu del mismo, valga para quien escribe estas líneas hablar del segundo, como un punto intermedio que equilibran las recopilaciones. 

El maestro Javier Marías.


En “Cuando fui mortal”, el relato, Marías advierte al inicio: “A menudo fingí creer en fantasmas y fingí creerlo festivamente, y ahora que soy uno de ellos comprendo por qué las tradiciones los representan dolientes e insistiendo volver a los sitios que conocieron cuando fueron mortales.” ¿Qué es vivir? Parece preguntarnos Javier Marías con este relato ¿cuándo se es verdadero? Quizá la palabra correcta es sincero ¿cuándo se llega a ser sincero; necesariamente tras la muerte? La vida, entonces, exige una cadena de imposturas, una sucesión absurda de equívocos que acaso no habrán de comprenderse hasta después de la muerte. Recorrer la vida de un hombre en este relato es también colocar en un escaparate la nuestra, comenzar a recordar todo aquello que nos configura, hasta llegado el momento apartamos suavemente el vidrio y reconocernos esa vida, como nuestra.

@jazzczcx

Pasa

Ese instante en que el mundo no acaba de comenzar parece interminable, lo cierto es que pasa. Como el agua que fluye y el deseo y los cordones de los zapatos que tarde o temprano una aprende a atar, porque sí, porque es vida que se vive y pasa.

¿Sabe usted qué no pasa? El color del cielo y el sonido del mar que tanto extraño por estos días, eso no pasa. Lo sensible, eso no pasa.

A veces echo de menos la playa y la arena y los ojos de las pequeñas y el sonido de la palabra "tía" reventando por cada paso. Pasa. Porque llega la luz de estas calles y escucho mi nombre, por el que me nombro y me conforto. Una llega a hacer familia lejos, y entonces una ve su historia multiplicada y sonríe porque pasa, la vida también se puede vivir diferente.

Leía de pequeña la oración que afirma que en la vida se debe de tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro. También se puede vivir diferente. Yo tengo plantas que dan flores y las regalo a mi amor; tengo una perrita que amo y escribo una historia, la mía, y a cuatro manos, la nuestra. ¿Ya ve? Todo pasa. Hace tiempo que no veía que lo que no hay es porque está en un mejor sitio; lo que hay es, fuerte, sin mediaciones. Seguro también pasa, puede ser que se transforme. Eso, en ello vamos trabajando, ella pone su paciencia, yo la voluntad porque todo se transforme y cuando pase, sigamos como el agua que fluye. Mientras dejo una foto de Mina, ella pasa, por la casa, por mis ojos...


Mina, atenta a la vida. 

martes, octubre 09, 2012

Esta noche

Me gusta pensar en esta noche, mientras Mina, mi perrita, duerme y tengo calma, aunque también tenga asma. Me gusta porque leo y escucho música y pienso en ti. Aunque debería de seguir leyendo "Hombre al agua" de Fabrizio Mejía.

Me gusta esta noche, porque la tarde la dibujé en tus sueños, mientras dormíamos. Me gusta porque vivir a tu lado es sencillo. Y ríes y bromeas y te quedas. Me gusta porque tus palabras están y me abrazan sin más qué decir.

Ahora debo de regresar al libro, a la canción, a la letra, al lápiz, a la línea, a la noche en que leo, mientras duermes porque lo sabes, aquí estoy, contigo.

miércoles, octubre 03, 2012

Escribiendo a las tres

¡Qué terror es la hoja en blanco! Recién termino de hablar del tema y me planto de nuevo frente a la hoja en blanco. Apenas pienso en las letras que escribo, debe ser el aire frío de la noche o la ausencia de calcetas... (¡Voy por calcetas!)

Escribo pensando que escribo, parte de la metaficcionalidad, tan llevada y traída como concepto en fechas últimas, no obstante de ser acuñada desde Don Quijote (Cervantes), Niebla, (Miguel de Unamuno), hasta El libro vacío (Josefina Vicens),  Cristóbal Nonato (Carlos Fuentes), entre otros. 

(Café, por favor)

Escribo a las tres de la mañana, porque no recogí ni un pedazo de tiempo para escuchar este teclado durante el día, a otra hora; escuchar la palabra silenciosa. No encontré la forma de acercarme a los secretos que rinden a los ojos cada caracter, cada letra que forma sílabas y luego palabras y luego frases y luego sentidos. Escribo a las tres de la mañana porque no tengo permiso, porque debería leer o dormir, pero escribo. 

(Acá me quedo pensando... bebo café)

Mientras escucho que Silvio Rodríguez dice: "... sólo el amor alumbra lo que perdura/ sólo el amor convierte el milagro en barro...", escribo. Sí, escribo esta noche por amor y con amor... aunque de eso no haya dicho más que estas palabras que no dicen, pero están escritas.  

Buena noche o buen día, amor. 

lunes, septiembre 17, 2012

Las palabras.

Leí que las palabras son gratis y se deben de compartir. Leí que el silencio es una forma agresiva pasiva; leí que las palabras alivian la tensión. Leí... palabras que hablaban de palabras y pensé en las palabras y el poder que poseen, atribuido, concedido, vivido. Extraordinariamente leí también sobre el silencio y la magia que conlleva, recordé al poeta, "... las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada..." Y callé. 

Me gustan las palabras, pronunciarlas, escribirlas, deletrearlas, vivirlas, gritarlas, escucharla, asumirlas, tomarlas, rebatirlar, jugar con ellas, volver a encontrarlas. Me gusta que me despeinen, sobre todo los verbos, que me unan o me separen, me cuenten o me adormezcan. Me gustan las palabras, tomadas como largas bebidas, comerlas o mordisquearlas. Me gustan las palabras, es parte de lo que hago y de cómo vivo, pero en forma casi absoluta es, sin duda, lo que le da sentido a mi vida. Las palabras. La magia de las palabras. Así que lo acepto: no puedo con el silencio que grita vacío y no puedo con la insensatez de las palabras que sólo son ruido. No hay modo conmigo o quizá es que no han dicho la palabra correcta.

Hace mucho, mucho tiempo, escuché que alguien sólo dijo una palabra: "Sí", fue suficiente para que el milagro ocurriera. Acabo de recordar un verso: "una mujer dice sí y el agua se ahoga." Aquella mujer o aquél sí, también fue inolvidable. Porque dijo sí y porque el agua, toda el agua se ahogó, la de mis ojos, la de otros ojos, la de sus ojos. 

Buena noche, agua, buena vida. 

viernes, septiembre 07, 2012

Del cine


“La historia de la histeria”






La primera vez que vi el avance de la cinta “Hysteria”, dirigida por Tanya Wexler, el título por sí mismo me parecía atractivo. “La historia de la histeria” llegó a las salas de cine, pensé, y me sentí atrapada. La película narra la historia del invento que revolucionara el concepto de la sexualidad femenina en el siglo XIX, el “vibrador” y las peripecias que su descubridor atraviesa, el Doctor Mortimer Granville (Hugh Dancy). 

Evidentemente al transcurrir los minutos, sabemos que estamos frente a una comedia romántica cuyo motivo central es el invento del vibrador; la contraparte amorosa del Dr. Granville, será Charlotte Dalrumple Maggie Gyllenhaal), una feminista adelantada a su época, desafiante y valiente, tanto como para cuestionar al Dr. Granville sobre la propia existencia de la histeria como enfermedad. Considero que la actriz Maggie Gyllenhaal, es una de las actrices valiosas de su generación, sin embargo en esta cinta no sólo no luce como debiera, si no que se muestra opaca y sin la chispa necesaria con su pareja romántica.

Verdaderamente, al concluir la película, podemos cuestionarnos: si no habrá sido un rasgo histeroide dar semejante título a la historia. Después de todo, han conseguido atraer nuestra atención, llevarnos a la sala de cine, atraparnos con un notable diseño de producción, vestuario, pero la historia deja el sabor de la insatisfacción, pues el punto esencial de la película, el vibrador, tarda tanto en aparecer que para cuando llega, parece que lo hemos olvidado. Si bien el ritmo mejora, como espectadores no estamos equivocados: un tema tan universal, como seductor que no consigue llevarnos al clímax.

@jazzczcx

jueves, septiembre 06, 2012

Correspondencia




Apenas recordé este poema. Lo escribí hace doce años. 

Hoy se leen muchos, por aquel tiempo pensé que jamás diría este número. Lo comparto.


Correspondencia 

Díganle que la he querido

que estoy entera, dolorosa,

inexacta, nítida,

que sigo siendo

que estoy, no duermo.

Díganle que he sido

sustancial, incorpórea,

y de su cuerpo desgranado

se quedó conmigo

la necia costumbre de ahogarme.

Díganle, por favor,

cuando sea tarde

que le derrame la voz a las estrellas

para que nazcan y el cielo no se encamorre

como esta noche, mientras me marcho.

Díganle que la he querido,

que estoy desnuda, azuzada,

ovillada,

que estoy hendida,

y aún sigue latiendo fuerte

este lunar casi extinto

en el dedo chico de su mano.

jueves, agosto 30, 2012

La representación del indígena mexicano en la obra de D. H. Lawrence




D. H. Lawrence (David Herbert Richards Lawrence (1885-1930), ha escrito novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos, libros de viaje, pinturas, traducciones y crítica literaria; su literatura y su propia personalidad se caracterizan por una reflexión que se acoge a dos principios: el irracionalismo y el primitivismo. 

La reflexión constante del autor en torno a la naturaleza humana, mostrada en su obra literaria, la consideramos en directa consonancia con la llamada búsqueda del Rananim, misma que lo llevará a un autoexilio voluntario, en lo que él mismo habrá de denominar “peregrinación salvaje” que iniciará en Italia, Sri Lanka, Australia, Taos, Nuevo México, y finalmente cristalizará en su estancia en México en 1923, durante 10 meses. El exilio como tal constituye algo más allá que una ruptura geográfica y cultural, con su regreso a Europa, Lawrence reconoce que no existen los paraísos perdidos, y que “… el verdadero exilio nace con el hombre y sólo termina en el momento de la muerte.”(Carballo, Emanuel, 1970: 10)

Esta búsqueda del Rananim, lo lleva a su peregrinaje. Coincidimos con Ruffinelli (1978), “D. H. Lawrence llegó a México en 1923 a buscar algo que sólo existía en él mismo, y que llevaba a todas partes como las maletas del viajero: un paraíso formulado, una utopía.”

Lawrence, nacido en lo que se denomina despreciativamente “Working class”, crece con ello como si significara una marca, mancha, un estigma y no sólo un elemento para señalar su origen; destaca Ruffinelli (1978: 22): “Rechazando a Inglaterra y rechazado por ella, Lawrence buscó, a partir de 1914, un hogar vicario que pudiera acogerlo a él y a sus ideas, sin violencia, sin tensiones, del mismo modo que se reingresara al claustro materno. Ese lugar, ya en el período mexicano (comprendiendo en la misma etapa los largos meses transcurridos en New Mexico) se llamó Rananim y pretendió tomar la forma de una comunidad para pocos elegidos que Lawrence guiaría con el corpus entero de su concepción del mundo, de su rechazo de la realidad histórica.”

Ante tal contexto, Lawrence llega a México, buscando el “paraíso”, el otro Edén, donde podrá pensar de nuevo en una comunidad que permitiera el renacimiento del hombre moderno; el escritor inglés vislumbró esta posibilidad en el regreso al pasado, “…en especial una nueva religión que debía sustituir al cristianismo y que podía tener como base las formas aztecas de la visión del mundo.” Ruffinelli (1978: 25)

Así es como en la novela La serpiente emplumada, D. H. Lawrence plantea de manera racional los dos principios que hemos señalado al inicio: el irracionalismo y el primitivismo, pues al decir de Ruffinelli (1978: 25), es en esta obra donde “…pudo constituir así, años más tarde, la formulación racional de la necesidad del irracionalismo; la exigencia de liberar la energía oculta, encerrada, aprisionada, del hombre, que debía presentarse en este siglo como una nueva forma mesiánica que el arcano de los siglos aún reservaba a nuestro favor.” 

Ahora bien, lo que aquí nos ocupa es hablar de la representación del indígena en la obra del autor inglés; hemos elegido para ello los conceptos: alteridad y binarismo para realizar nuestro breve análisis. El primero, considerando que para Lawrence el indígena es siempre el otro, el ajeno, aquel a quien no es posible reconocerlo si no a partir de la diferencia, pero en términos del discurso colonial esta diferencia se gestará y fincará desde la perspectiva del discurso colonial, es decir, el inferior sujeto colonizado, primitivo, retrasado, malo, bestial como animal, marginal, marginado, estúpido, feo. Más de una referencia en este punto existen en la obra de Lawrence, sea en la novela La serpiente emplumada, o bien en su obra de relatos de viaje, Mañanas en México; observemos la forma en que el autor inglés retrata al indígena en el siguiente fragmento: 

Y Rosalino, el mozo indio, me mira con sus ojos enfundados en su propia oscuridad. Tampoco nosotros nos pondremos de acuerdo: él es huidizo y despreciativo. Entre nosotros existe el mar de la otra dimensión, y Rosalino quiere salvarlo con la regla del espacio tridimensional. Sabe de antemano que esto no puede ser. Igual que yo. Y los dos sabemos que cada uno sabe lo que el otro sabe. Puede, sin embargo, imitarme, aún más de lo que soy. Como el loro a él.[1]
Aquí podemos observar claramente elementos que vamos a encontrar en La mujer que se fue a caballo, 

… Encontró sus negros ojos, grandes y brillantes y, por primera vez, su espíritu desfalleció. Los ojos del hombre no eran humanos y no la veían como una hermosa mujer blanca. La miraban con una mirada negra, brillante, inhumana, y no parecían ver a una mujer, sino a algo extraño e inexplicable, a una cosa incomprensible y hostil. …[2]
La mirada insondable del indígena, la oscuridad de la misma; la permanente idea que esta forma de mirar y ese color, sólo pueden pertenecer a “algo” que no es humano, y ese “algo” es el indígena mexicano, a quien también se le califica como sobrenatural, malvado. Veamos como en La serpiente emplumada, la protagonista Kate, desde las primeras páginas destaca también la mirada indígena, los ojos, 

- … Me abruma lo que veo. Por ejemplo, esos tipos de grandes sombreros; los peones, con sus ojos sin pupila que parecen un agujero negro y profundo como el fondo de un remolino.[3]
Esta referencia a los ojos, a la mirada en la novela La serpiente emplumada, se reafirma más adelante, repitiéndose la forma en que el indígena mexicano vive, entiende el mundo este mirar oscuro del indígena hacia el “blanco”, esta certeza del “blanco”, por la diferencia existente para con el indígena, una y otra vez la protagonista se encontrará con la mirada oscura y maligna del indígena, los ojos sin pupila, del personaje General Viedma, la mirada de la mujer a su servicio a quien no comprende ni es comprendida por ella, pero es vista. Los ojos que también son de efecto maligno en La mujer que se fue a caballo, de aquellos quienes la toman como una ofrenda de sacrificio, esos ojos huidizos y burlones. Los ojos, la mirada, que determina la forma de ver el mundo o de comprenderlo, el del indígena, oscuro; el del extranjero, el blanco, que mira claramente y que ha empleado …Todos los esfuerzos para llevar el alma de los mexicanos a una especie de existencia definida sólo condujeron a su propia destrucción.[4]

Hasta aquí podemos notar directamente esa referencia a lo antinatural del indígena mexicano, el énfasis en la mirada es sin duda un rasgo en la obra de Lawrence, pero no debemos de apartarnos de otro elemento que se destaca en el fragmento citado de Mañanas en México: “… Puede, sin embargo, imitarme, aún más de lo que soy. Como el loro a él.”[5] Existe, a nuestro parecer una idea clara del concepto de alteridad en esta mención, alteridad desde el discurso colonial, pues a partir de éste que se crea la ideal del “otro” que no es igual a mí, pero a quien miro y no reconozco como igual, puede imitarme, Como el loro a él. Entendemos que conforme a lo expuesto no es posible el diálogo si no existe un plano de igualdad, por ello la referencia al loro, símbolo de la animalidad e incapacidad del indígena para crear su propio pensamiento y a partir de ello su lenguaje, por lo tanto condenado a repetir lo que escucha, irracionalmente. 

En este sentido, veamos la forma en que el autor inglés coloca la visión del indígena por el “blanco”, de cara al discurso colonial, en Mañanas en México,

Para ellos, el hombre o la mujer blancos son algo así como un fenómeno: algo para observar, y maravillarse, y reírse de ello, pero nunca para considerarlo al mismo nivel de uno. El hombre blanco es una especie de extraordinario mono blanco.[6]
Aquí yace una de las ironías más rotundas del texto, ya que si hemos leído las notas previas, esta es la exacta forma en que Lawrence considera al indígena, un fenómeno,… pero nunca para considerarlo al mismo nivel de uno… El propio autor dirá: 
Mas el gran mono blanco tiene las llaves del universo, y el mexicano de ojos negros tiene que servirle, a fin de poder subsistir.[7]
Asombrosamente, para quien escribe, todo el discurso colonial en la obra de Lawrence se yergue y se vacía en las premisas de la dualidad, esa lógica binaria en que la realidad será vista en términos de oposiciones que establecen una necesaria relación de dominio. Tal como ha quedado señalado en cada fragmento de las diversas obras del autor. Aún con lo expuesto leamos esta afirmación de Lawrence en La serpiente emplumada, con respecto al mexicano:

Sin esperanza y sin finalidad, vivían una vida vulgar en aquel país sombrío y volcánico. No eran animales porque los seres humanos no pueden serlo…Por eso en los ojos negros de todos los individuos de aquella familia leíase una especie de miedo perverso, de asombro, de sufrimiento.[8]
Atendamos a la expresión “Por eso”, como una cláusula explicativa, no casual, causal; y continúa:

La miseria de los seres humanos que se consideran impotentes para desarrollar las posibilidades de su ser…incapaces de arrancar de su alma el caos e insensibles a todas las demás conquistas.[9]
Finalmente podemos afirmar que Lawrence dentro de su propio discurso colonial, en esa suerte de encanto fallido que posee La serpiente emplumada, -novela truncada a capricho de su propia decepción por el México que decidió mirar-, es quizá la protagonista de la barbarie posible en que vive el indígena mexicano en La mujer que se fue a caballo, pues como ella, en la búsqueda de su liberación hallará la muerte, siguiendo al mismo Lawrence: “Siempre que un mexicano grita “viva” acaba la frase con “muera”. Al decir “Viva” está siempre pensando en la muerte para este o aquel individuo.”[10] Luego, en esta duplicidad, binarismo, el autor se sumerge a nuestro juicio con su propia vida como una incoherencia, propia de su misma obra. 

Sólo nos queda, a título de quien escribe, estar de acuerdo con la afirmación de Carballo (1970:16), “En ocasiones somos tal como él nos pintó y en otras, por defectos del pintor y el cuadro, mejores de lo que él supuso que éramos.”


Cuernavaca, Morelos; abril 4, 2012



[1] Lawrence, D. H. Viva y muera México. Prólogo y selección Emanuel Carballido. México: Diógenes, 1970 (Antologías temáticas, 3), p. 44


[2] Lawrence, D. H. La mujer que se fue a caballo. Tr. Leonor Acevedo de Borges, Buenos Aires: Losada, 1939. (Edición electrónica) p. 7


[3] Lawrence, D. H. La serpiente emplumada. México: Fontamara, 2000, p. 42


[4] Ibid., p. 179


[5] Lawrence, D. H. Viva y muera México. Prólogo y selección Emanuel Carballido. México: Diógenes, 1970 (Antologías temáticas, 3), p. 44


[6] Ibid., p. 65


[7] Ibíd., p. 67


[8] Lawrence, D. H. La serpiente emplumada. Op. Cit., p. 189


[9] Idem.


[10] Ibíd, p. 172

miércoles, agosto 29, 2012

De incertidumbres y certeza

En madrugadas como esta, lo admito, hay cierta incertidumbre sobre las palabras que elijo para escribir. Las formas precisas, el balance exacto entre lo que se ha dado a llamar "voz literaria" y lo que deseo decir. Sí, también es el minuto en que me hace falta "el cómplice lector".

Después de todo creo que no le daría a leer el o los textos, tal vez sólo compartiría la aria de ópera que en este momento escucho, mientras inevitablemente pienso: cuando llegues prometo que no habrá reclamos sobre el tiempo que has tardado. Sólo apresura el paso, la vida no se equivoca y sigue esperando.

Ahora sigamos al descanso, en una de tantas, en este sueño me dices tu nombre.
Los ojos que miran, las palabras que se dicen. Ese y no otro es el milagro. 

viernes, agosto 24, 2012

Festivales de Cine y en Morelos

La fiesta del cine está llenando la ciudad. La alegría, el gozo y también el compromiso se encuentra de nuevo en la pantalla. ¡Cómo no festejar al cine en todas sus manifestaciones! Así que ahora comenzamos con lo que hay y lo que habrá. 

Lo primero, "El festival de la memoria..." que ya ha comenzado, del 17 al 26 de agosto, nos va dejando con un saborcito a reflexión, a buena ventura, a saber que las propuestas existen y van haciendo más allá del presupuesto y sólo necesitan un espacio para ser vistos. "Las proyecciones del 6to Festival de la Memoria en el Cine Morelos son gratuitas, así que a disfrutar de este festival y de los documentales -cortos y largos- así como de aprovechar para asistir a las funciones en la que se tendrá la presencia de los directores de varias películas, en donde al final de las proyecciones podrá haber ese intercambio de ideas y expresión de comentarios." Así que no me queda más que dejar el enlace pa' que puedas ver la cartelera, en dos días más esta fiesta tendrá su desenlace. http://www.cinemorelos.com




Lo que viene es la 11 Semana de Cine Alemán, uno de los ciclos de cine de mayor éxito en la Cineteca Nacional, y este año se presentará en el Cine Morelos, quien será sede única en el estado. 8 largometrajes que recrean, presentan, acercamientos a la cultura alemana, sus pulsiones, su carácter. Tras una cuidadosa selección, nos encontraremos con la recién restaurada cinta muda de Walther Ruttmann titulada Berlín, sinfonía de una gran ciudad, un clásico de la historia del cine mudo alemán que será presentado al público mexicano. Se presentará la cinta "Lo que queda" con la dirección de Hans-Christian Schmid. Además de la promesa de la cinta "Esto no es California" del director Marten Parsiel. En fin, que para el 1 de septiembre tendremos claramente la distribución y días de exhibición para cada una de las cintas.



7  largometrajes es la cuenta de la selección del cine francés contemporáneo. Como en otras ediciones las proyecciones serán acompañadas por la presentación de cortometrajes mexicanos. Es de sobra conocido que este es uno de los festivales  más esperados por el público, así que calma, calma, la programación se dará a conocer a partir del martes 4 de septiembre de 2012, en Morelos. 



Y ya casi terminando este recorrido festivalero, festejero, del séptimo arte. Tenemos la gran sorpresa que en Cinépolis, la fundación cinépolis para ser más específica desde 2008 ha dado vida, a través de su eje operativo“Educación a través del Cine”, al Festival Internacional de Cine en Derechos Humanos ¡Es de todos! (FICDH)."





Será la quinta ocasión en que se presente, constituyéndose en el primer festival de Cine en Norte y Centroamérica que utiliza salas comerciales de cine para educar a la sociedad en temática de derechos humanos. Del 23 al 30 de agosto. Destaca la fundación: "Con este festival queremos despertar a México, queremos exponer desde la cabeza y el corazón las tragedias y maravillas que vive nuestro mundo para detonar la reflexión y acción. Queremos que con cada película que detalladamente se selecciona nazca y renazca en la audiencia el sentido de responsabilidad y respeto que de manera individual y colectiva requerimos para construir la sociedad que soñamos." ¡Así sea!

Por ahora seguimos celebrando, festejando que el cine es magia, pero sobre todo, porque En el cine, el mar parece mar y el amor existe. 


@jazzczcx

miércoles, agosto 22, 2012

Como lo posible...






Como niña de cinco y las inyecciones;
como la muñeca en el cajón
cuando la edad pasó para jugar;
como la bolsita de canicas que se cae
y lloras por ella, y te silencias;
como la resbaladilla que se quedó
allí, quieta, mientras deslizabas.

Como el día que aprendiste a caer
para entender patinar y te reíste.
Así yo, así este dolor en mí,
así este miedo chiquito en la espalda,
por la sangre que no veré,
por el lugar que no alcanzaré,
por este color blanco-pálido
que se me queda en la piel.

Como el coraje que no recuerdo,
pero que dices se hizo nudo;
como ese silencio que hice,
y debí gritar fuerte
con el alma, para que no pesara,
para que no se quedara
ni allí ni aquí ni en mí,
pero no sabía...

Como niña de cinco con fe,
con miedo, con tanto silencio
de poco, de nada, de "no sé".

Como lo posible, estar, seguir,
quedarme quieta, moverme poco
sentir que es, que está, "¡soy libre!"
Como lo posible que ya no es,
como lo posible que es,
como lo posible, la fe:
la palabra dicha,
la palabra clara,
la palabra sombra,
la palabra "siempre"
en la que ya no crees,
que ya no pronuncio,
pero que entiendo hasta ahora,
a los "treintaytrés",
mientras te miro
como lo posible, como lo que es.

*Mención especial en el premio Alfonsina Storni, 2007.  Festival de mar de plata. Argentina

lunes, agosto 20, 2012

Diablo

Yo soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas,
soy veneno en dosis breves, bálsamo si me tragas;
alcohol en la sangre y la sangre en la boca.
Amo, como y duermo del mismo modo, infinitamente;
confío y me parten, me entrego y me parten:
a quien más he querido me ha llamado paranoica,
a quien más he rechazado me ha enseñado el cielo;
quien me busca no me halla, quien me evade me encuentra.

Soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas
tras conjuro no llego, tras mortaja, me atengo;
odio la mentira, la falta de fe, juntas forman mi mayor virtud.
Me falta el aire y no abandono el tabaco,
me atengo a lo imposible y lloro por lo probable;
nací mujer, y es mi victoria construirme diablo,
soy el diablo y no una diabla más,
soy mi juicio y mi verdugo, mi cárcel, mi condena.

Cuando cae la noche, mi corazón late sin pausa,
asume la consigna de la sangre que hierve a solas,
del pubis abierto y el viento en las manos;
frente al espejo, reconstruyo mi nombre,
el reto de no ser, y en la ley del deseo:
¡soy el diablo, soy el diablo!
Advierto y no escuchan:
“No te fíes de mis manos, si te toman no te dejarán partir.
Esto que soy te matará, lentamente, reza por ti.”
Yo soy la reina de las fracasadas, diosa de las miseradas,
Y en la “ley del deseo”: ¡soy el diablo, soy el diablo”.
Reza por ti.
22.49/Julio 24, 2005.

viernes, agosto 17, 2012

El cine documental y el festival de la memoria





Ahora que las cosas se ponen en su lugar o en definitiva, "las cosas" nos exigen un lugar, tenemos que hablar del género del documental en el cine. Por mucho tiempo considerado como un movimiento estético y social desde el nacimiento del cine, en la actualidad es uno de los géneros cinematográficos mejor definidos. La propuesta del género del documental está sustentada en la cámara y el realizados, como testigo y actor de la realidad. Su más fiel exponente, para muchos, fue Dziga Vertov con su teoría de cine ojo, filmaba cuanto veía y lo compaginaba de modo singular,  «Soy un ojo fílmico, soy un ojo mecánico, una máquina que les mostrará el mundo como solamente yo puedo verlo», decía en la proclama del movimiento «Cine Ojo».

En cuanto al documental lírico de la vida cotidiana, los más representativos son los de Robert Flaherty: Nanuk (1922),  El hombre Arán (1934) y Lousiana Story (1948). Acá dejo un extracto del primero, Nanuk el esquimal considerado el primer gran documental de la historia del cine. 



Lo maravilloso del tema que hablo ahora es que justo dará inicio El festival de la memoria. Documental Iberoamericano, "...en su sexta edición, contará con 50 películas que dan cuenta del presente y el pasado en la construcción de una plataforma cinematográfica de investigación, denuncia y rescate." Se llevará a cabo del 17 al 26 de agosto en el centro de Cuernavaca, Morelos, en tres sedes principales: el Cine Morelos, el Centro Cultural Universitario y el Auditorio Jean Dubernard del Palacio de Cortés. Con un homenaje al cineasta Nicolás Echevarría, además de la sección Mirador México, donde se contará con una muestra de microdocumentales que abordan el 

Para esta ocasión se ha preparado un homenaje al cineasta Nicolás Echevarría, proyectando los filmes más emblemáticos de su filmografía, además de que en la sección Mirador México se integrará una muestra de microdocumentales que abordan el movimiento #Yosoy132. Por si esto fuera poco, tendrá lugar el 2º Encuentro Nacional de Documentalistas, con la participación de promotores cinematográficos de 20 estados del país.

Creo sin duda que un país sin un cine nacional es un país sin ideología, pero un país sin memoria no sólo está condenado a repetirse, como para el caso de los individuos, si no a su caníbal destrucción. El documental nos permite el cabal registro, la memoria colectiva, la enorme posibilidad de vernos y entendernos. La reflexión posible. Una probadita de lo que ocurrirá y más datos para seguir toda la programación. 


http://www.festivalmemoria.org/Programacion_FMDI_2012_web.pdf

miércoles, agosto 15, 2012

Obligo a quien me obliga



Es la primera expresión que surgió al momento de escribir estas líneas. Supongo que parte de lo que me ocurre esta mañana es justo eso: obligación. De modo más esencial pienso en mis clases de derecho, aquella por ejemplo en que la magistrada solía decir que la palabra proviene del latín obligatio, ligar, vincularse. El vínculo que constriñe. Así me pasa esta mañana con la escritura, con la lectura, con lo que voy entendiendo se renueva cada que oprimo una tecla.

Me parece sensacional que la máquina en la que escribo tenga ya un año y un mes y lo vaya cumpliendo recién el día de hoy. Es a este procesador a quien le dedico estas líneas: obligo a quien me obliga. Porque mamá la eligió, tal como un regalo suyo, el color rojo, fue idea suya, y no sabe cuánto me devolvió aquella primera lap top que tuviera y después entregara, pues no era del todo mía. Mamá tan sabia, quizá del modo más romántico o como un cliché es que le he puesto su nombre al ordenador. Me gusta verla y dicen, quienes me conocen, que literalmente vivo con ella. Cuando alguien me pregunta si tengo mayor aprecio por mi ordenador que por alguna situación o personas, me miro hacia adentro y casi siempre respondo: son cariños diferentes. Lo evidente salta a la vista. Esta es mi máquina, con la que construyo historias y puentes y túneles y ... la vida completa y la obligo hoy a trabajar sin parar, como ayer, como antes, como pocas veces.  Obligo a quien me obliga, a mi manera, mamá está cerca. Y me obligo a la enorme responsabilidad de deslizar las teclas buscando, más de una vez, la composición adecuada. Este vínculo me constriñe, me da sentido, como dirección, pero también establece este sexto sentido que no tiene nada de fantasmal y me da vida. 

Gracias mamá, por obligarme a obligarme.




@jazzczcx

domingo, agosto 12, 2012

Morgana y el cine de terror a la mexicana




“Morgana” (2011), la película más reciente del director Ramón Obón, nos lleva a recordar el espíritu de otra cinta mexicana “Hasta el viento tiene miedo”. Se trata de la típica historia de fantasmas. Tal es la experiencia del director a cargo de diversos guiones como: “Las aventuras de El Santo”, “Santo contra los asesinos de otros mundos”, “El imperio de Drácula”, entre otros.

Aproximadamente durante 79 minutos damos cuenta de la historia, de una joven que se sueña en la casa de su niñez, un hermoso lago frente a la ventana y otra mujer que la invita a sumergirse bajo el agua. La experiencia del director Obón, también responsable del argumento, nos permite invocar motivos recurrentes en este tipo de cintas, desde la casona en el bosque hasta el personaje adulto que refiere su trágica historia de amor. “Morgana” consigue ser un ejemplo del cine gótico a la mexicana que si bien no termina de morir, tampoco alcanza su esplendor.

El veterano cineasta parece olvidar la evolución del género. Tan sólo con la cinta KM 31, observamos un nivel mayor de sofisticación. Más allá de la tecnología y los efectos visuales, los cuales no son requisito indispensable para la calidad de una cinta, lo cierto es que en “Morgana” es persistente el drama de los vivos –el conflicto entre la chica y su tía solterona, el novio y la mejor amiga–, más que la atención en su espectral antagonista, por lo que cualquier indicio de terror se disipa.

El reparto cuenta con actores consagrados, como Lilia Aragón y Luis Felipe Tovar, y  jóvenes promesas como Alejandra Adame o Alejandra Toussaint. Aun así no tienen mucho material con qué trabajar. Estamos ante una cinta que tras su verbosidad a ser heredera de una tradición del género de terror más cercano a nuestra identidad, pero sobre todo a la calidad del cine mexicano por la que en la última década se ha caracterizado.
@jazzczcx

jueves, agosto 02, 2012

El sentido perfecto

Hace ya un tiempo que leí aquella obra asombrosa "Ensayo sobre la ceguera" del maestro José Saramago, cuando ello ocurrió, la maravilla siguió al milagro de descubrir metáforas y símbolos en cada una de sus palabras. Recuerdo la sensación de estar recostada leyendo sin poder parar de hacerlo y percibir que "la ceguera blanca" había llegado a mí, esa mezcla inusual de asombro e incredulidad porque una obra literaria me produjera tal cantidad de sensaciones. 

Así me ocurrió ahora con "Perfect sense", en México, "Al final de los sentidos", cinta dirigida por  David Mackenzie; escrita por Kim Fupz Aakeson, y que además cuenta con las actuaciones más que bien logradas de Ewan McGregor  y Eva Green. Es común encontrarnos con películas sobre epidemias e historias apocalípticas sobre el fin de los tiempos, personajes que padecen enfermedades extrañas, o zombies, aquí estamos ante una original historia que, personalmente, recuerda a la ceguera blanca del maestro Saramago, pero al acercarnos nos encontramos ante la pérdida de todos los sentidos, sin razón aparente, sin explicación aproximada, una metáfora interesante que roza con el documental, narrada a través de la protagonista como testigo de lo que ocurre. 

La pregunta es inmediata ¿Qué sucedería si llegara el momento en que perdiéramos los sentidos? El olfato, el gusto, el oído, la vista... ¿Podríamos adaptarnos? ¿Qué sentido no perderíamos? O mejor aún ¿Qué sentido nos permitiría sobrevivir?  La historia posee una serie de personajes excéntricos, pero antes de perder el sentido de la ubicuidad -como le llaman los expertos- me centraré en los protagonistas:  una científica, epidemióloga  (Eva Green), y un chef (Ewan McGregor), quienes conducen esta odisea al mismo tiempo que su peculiar historia de amor. 

Me gustó la cinta, me gustó por las posibilidades que plantea, la premisa que no se llena de clichés consabidos sobre el fin del mundo, porque esta epidemia lleva al espectador a planteamientos diferentes, mediante algunos sobresalientes planos secuencia la narrativa nos lleva directo no a la explicación de la epidemia, si no a la pérdida del primer sentido, el olfato, por algunos instantes quien esto escribe se preguntó ¿cuánto ha disfrutado del olfato, realmente he podido gozarlo, conocerlo? Entonces, recordé que desde pequeña he pensado que el sitio en que vive mi familia, justo minutos antes de llegar por carretera, huele a dulce, a azúcar con canela, como lo dice el mismo film: "Sin olor, un océano de imágenes desaparece." Aún así vemos como tras el tambaleo, la historia continúa. La epidemia, da lugar a otras posibilidades, acercarse a objetos que poseyendo el sentido del gusto no podríamos: morder una pastilla de jabón o sentir la crema de rasurar entre la lengua y los labios. Esos recursos visuales que nos obsequia la película y que nosotros saldamos con el suspenso y escenarios tétricos que también nos presenta. 

Aún así, Al final de los sentidos, no en el final de los sentidos, cuando cada ser humano se adapta a la ausencia del olfato, del gusto, del oído, llega la ceguera, ahí, unos minutos antes que todo llegue a las penumbras ¿qué queda, qué nos queda? Los síntomas previos a la pérdida de cada sentido son por sí mismos una alucinante metáfora de la naturaleza humana; lo mismo ocurre con las profesiones de los protagonistas: la sesuda científica, que posee lo necesario para invalidar sus emociones y sabotear cada relación con predisposiciones y prejuicios, surgidos del único miedo posible, la entrega; el chef incapaz de establecer un vínculo, superficial y entregado a su instinto. Ahí, como una paradoja, estamos ante la última pareja del mundo, pseudo posmoderna, racional y ... cobarde, enfrentándose a lo que queda cuando todos los sentidos se han perdido. 

Una película que nos saca de lo corriente y que al menos a quien esto escribe, al día siguiente le permitió respirar hondo y disfrutar el olor a madera, a papel de mi apartamento; el sabor del café expresso con mayor riqueza, el color del cielo con el contraste de los árboles y por supuesto, el roce de una mano sobre mi rostro, mientras despierto. 

lunes, julio 30, 2012

¡Levántate!

Últimamente asisto más al cine que antes, o tal vez tengo más conciencia que lo hago, porque me ha dado por hacerlo a solas. El hábito personal y solitario más amoroso, desde que... bueno, ya lo saben, desde que nos fuimos. "Nos fuimos", simple, sencillo, complejo, dejamos de vernos y cada quien se fue de la vida de la otra. 

En fin que acá podría hablar de la película más reciente de Woody Allen, pero lo que quiero es hablar de Orfandad y dolor. ¿Qué hacemos con la orfandad y el dolor? Existen ambas, antes o después, pero las vivimos. Hay para quienes la orfandad se nos fue materializando desde temprano, tuvimos nombre que memorizar, pero no historias que contar de los padres. Hay para quienes desde nacidos o más tarde con el paso del tiempo y la ley natural. Yo soy de quienes nos dimos cuenta de la orfandad y nos fuimos en contra de ella, la negamos, la escupimos, la golpeamos por la espalda y le encontramos mal olor, mal sabor, hasta la pestilencia. Luego, tomé conciencia de lo que me pasaba, me hice su amiga, la hice mi compañera y dejó de estorbar y fue amable y gentil. Lo mismo ocurrió con el dolor. Todos/todas lo conocemos, cada quien de un modo diferente y pudimos y entendimos que había que seguir adelante, ascender, levantarse, no una ni dos si no las veces que fueran necesarias, porque sólo así podríamos comprender nuestra vida. 

Crecí con un humor diferente y un modo de ver la vida, también diferente. Crecí, y más adelante supe que a eso se le llamaba melancolía. Crecí entendiendo mi melancolía que crecía conmigo. Con el tiempo he conocido demasiadas personas como yo, tantas como caminos diferentes. Cada quien hace lo que quiere con su melancolía y con su dolor. Hoy entiendo que no estamos exentos del dolor, nadie lo está, pero es qué haces con él, cómo lo vives, lo que hace la diferencia. Pareciera una frase gastada, un discurso corto para comercial o un mensaje de auto ayuda, lo cierto es que lo he visto y vivido de cerca y pa' dentro. 

Vi hoy la película de "Batman asciende", entre más pasaban los minutos más me hacía pensar que cada uno de los villanos de esa película es un héroe que se hizo villano, "mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano", palabras de la segunda entrega del film "Batman, el caballero de la noche". Acá, en la última entrega a cargo de C. Nolan, me dejó la sensación que todos los personajes de mayor peso hablaban de orfandad, de ausencia y de dolor, el tema es qué hacían con él cada uno. El punto es que cada uno, cada una, decidía, elegía lo que haría con ello. Nadie más. Y lo hicieron. El resultado es que no hay héroes ni canallas, sólo humanos. 

Me gusta Batman, me encanta Batman, pero este que ha acuñado durante tres entregas Christopher Nolan, me duele, porque me parece auténtico, con sus cicatrices y lesiones, con su falta de deseo por la vida, con su larga melancolía y su agonía constante. 


¿Qué hacemos con el dolor de la orfandad? ¿Qué hacemos con la orfandad como dolor? No lo sé. En esta entrega creo, sincero, que no es Batman quien tiene la respuesta, si no los presos con su desesperanza y esperanza a la vez, los mismos que desde "el infierno en la tierra" gritan: ¡Asciende, asciende! ¡Levántate! No creo que por esperanza, no creo que con esperanza, creo que sólo porque es la única manera de ver el sol y salir por fin de la tiniebla, esa que produce la melancolía y el dolor, la misma que si no encaras ... se llevará lo único que tienes cada día: una oportunidad para volver a empezar. 

martes, julio 10, 2012

Se puede.

¿Se puede saber que el día siguiente y el minuto siguiente no valen la pena? Sí, se puede. Y continuar con ellos, se puede. ¿Se puede creer que todo está muy a pesar de cualquier pronóstico, absurdamente organizado para funcionar? Se puede. 

¿Se puede creer que aunque al corazón le duela el corazón va a continuar latiendo? Se puede. ¿Se puede saber que la cabeza estalla, las manos se rompen, la piel se rasga y vamos a continuar después de todo, pensando, haciendo, viviendo? Se puede. 

¿Se puede sonreír e incluso reír a carcajadas, aunque te rompieron la esperanza? Se puede. Yo puedo. Al menos hasta hoy, al menos por hoy. 

¿Se puede pensar largamente en ti como si hubieras muerto y al día siguiente resucitarte para volver a matarte? Matarte una o dos veces no han sido suficientes, siempre queda la siguiente en la que resucitas y me revuelves el estómago y la cabeza y lo que queda de cada día en que apareces, como un mal fantasma: no asustas, no haces, ni siquiera te ven, sólo eres alguien en la cabeza, una mala energía, dispersa y furiosa porque no te caiga el olvido. 

Se pueden muchas cosas, maldecirte, bendecirte, recordarte y olvidarte al mismo tiempo, eso también se puede. Escribir largos etcéteras sobre ti, sobre lo que haces y quién eres. Se puede pensarte, aunque estoy bien segura que esto que soy te inventa larga y cadenciosamente; la mitad de ti son mis deseos, la otra mitad es mi rabia porque existes, estás, en alguna parte, pero no junto a mí. 

¿Ya ves? Se pueden muchas cosas, incluso seguir escribiendo largas líneas que no leerás. 

domingo, mayo 27, 2012

Violeta

A Devora Liliana


Violeta mira de nuevo. Asomada como está puede ver la puerta de la entrada del edificio. Llegará, sí llegará. Sonríe. Acaricia de nuevo sus aretes, los mismos que le regalara aquella noche. Permite que te los ponga… es tu color favorito. Violeta sonríe. Piensa una vez más en lo que dirá, reúne las palabras como si se desprendieran en el aire, como si por primera vez fueran a pronunciarse; agita las manos y mira de nuevo el reloj en la pared, siete y quince. Faltan algunos minutos, pero ella está lista. Vuelve a mirar por la ventana, aún no ha llegado. Siete y media, dijo siete y media, repite en voz alta. Camina por la estancia, decide finalmente prepararse un té, el café no le dice nada, desde aquel entonces en el té descubre palabras una y otra vez. Abre la alacena: manzanilla, limón, canela… mueve la cabeza, cierra los ojos y toma al azar una bolsita, prepara el agua; mientras espera no puede evitar sonreír, otra vez el recuerdo. El té está listo, toma asiento; piensa de nuevo en lo que dirá, sonríe, da un sorbo, otro, las imágenes regresan.
-          ¡Violeta, Violeta! Espera, yo… quería decirte que…
-          ¿”Querías” decirme o quieres?
-          Yo… Violeta, yo te…
-          ¿Tú… me?
-          Te … ¿gusta el té?
-          Sí.
-          ¿Cuál?
-          Manzanilla, canela, limón, lo tomo al azar.
-          ¿Al azar? Sí,  a mí también me gusta el azar, digo el té al azar.
-          ¿Eso querías decirme?
-          No. Quería decirte que…
Las siete veinte. Y tomamos un té… al azar. Dijiste cierra los ojos, pidamos al azar, apunta con la mano izquierda y yo lo haré con la derecha. Después hablamos de… de… nada, pero me hiciste reír. Toma la taza y nuevamente se acerca a la ventana; asomada como está el aire le recorre el rostro, apenas la caricia para que ella vuelva a recordar aquella noche.
-          Violeta, quiero decirte que tu boca tiene la forma del silencio.
-          ¿Cómo?
-          Sí. Yo quiero probarlo, sentir el sabor del silencio ¿Quieres?
Las siete veinticinco. Violeta toma las llaves. Las abraza con el puño y lo levanta. Abre la ventana, se sienta frente a ella, cierra los ojos.
-          Si te regalo un anillo que sea la promesa para seguir después de la vida juntos, será mi promesa; pero si te doy este par de aretes del color de tu nombre me prometo a ti, a estar siempre, en mi día y en mi noche, con mi frío y con mi sol. Si los llevas puestos el día que regrese sabré que me aceptas tal como soy, que somos par.
Violeta permanece con los ojos cerrados, sonríe. Llegarás, tú llegarás. No te he dicho que mi silencio no sabe si no te pienso. No te he dicho que sí, que quiero seguir cada día de mi vida como estos diez años abrazando tu nombre. Violeta suspira, arroja las llaves por la ventana. Abajo, una silueta camina hacia la entrada.
-          ¡Violeta, Violeta! Te…
-          Sí. Manzanilla, canela, limón, lo tomo al azar.
Siete treinta. Fuertes pisadas recorren los escalones. Violeta de pie frente a la puerta. Siete treinta. Diez años pasaron. Siete treinta. Violeta frente a la ventana. Siete treinta.

martes, mayo 01, 2012

Y nos duró

Y nos duró dos años, esa suerte de idas y venidas. Yo sabía que tenías muchas cosas por solucionar, pero no quise quedarme. Abrí este espacio por tu insistencia. No la de las entradas anteriores que es otra insistencia. Estoy hablando de la mujer que le estallaba el rojo por todas partes que puso una trampa para verme y que se quedó con todo lo que había que decir. Estoy hablado de con quien me duró dos años, las ideas y venidas y aún al final seguí llamándole el día de su cumpleaños. Dos años nos duró, Diabla, seguir por todos lados. Tú detestando mis puntos al final de una conversación, yo aborreciendo que cortaras una cita con alguna idea tajante. Nos duró dos años, porque no podías quedarte conmigo, si lo hacías no te quedabas en el mundo y no lo entendí, porque jamás me quedo en alguna parte. Diabla, dónde estarás ahora. 

A veces me pregunto cómo puedo seguir pa' contar estas historias, después de todo, no había después en ninguna; las he nombrado a mi antojo, y ahora las cuento igual, pero todas son historia pasada, árbol demediado debo de ser yo, o arboleda con tantas historias inconclusas que debo de talar de vez en cuando si no me secarían. 

Hoy, limpié las piedras, Diabla, las que dolieron y dejé de cargar pa' ponerlas en una pecera enorme que es sólo mía, y que a mí me corresponde limpiar, acomodar, darle vida. 

Diabla, me habría gustado tanto seguir con nuestra historia. Dos años duró. Dos años... acá te recuerdo. Tú ya no estás, ni eres, yo ya no soy, pero estoy. 

Buena tarde. 

lunes, abril 30, 2012

Ayer

Creo que fue ayer, cuando fui a aquel restaurante italiano al que fuimos alguna vez, medio italiano, en el centro de la ciudad. Ahí me dijiste que salías con otra persona, y como eres digamos extraña, me dijiste meses después, mientras veíamos comer a un par de señoras pisando los setenta años, que te vería por mucho tiempo, te pregunté si nos veríamos como ellas. Dijiste que no, afirmaste que estaríamos comiendo seguramente, pero en Italia, me sonreí. En el primer momento tuve temor a tu negativa, después me sonreí que vieras tanto futuro. Yo no sé, ahora ni siquiera quiero verte o ir al cine, me enfada tu arrogancia y me encabrona tu sentido del humor. Todo me molesta y la primera vez que fuimos al restaurante italiano que salías con otra persona me dieron tantas ganas de salir corriendo de decirte que te fueras a otra parte, donde fuera, pero lejos de mí. 

Ahora puedo alejarte de mí y saber que si estás en otro lado por lo que quieras, no puedes estar cerca de mí. Ahora puedo... ahora iré al cine o a cualquier lado, pero lejos de ti y tampoco contigo. No tienes una idea de cuántas veces fui a diferentes lados contigo sin estar cerca de ti, sin pedírtelo. Ahora no, ahora puedo ir a cualquier lado sin involucrarte y se descansa. Aunque ya no haya Italia ni tus ocurrencias. Ahora puedo. No sabes cuán enojada se puede estar a distancia y este espacio, finalmente curarlo todo, incluso lo que no necesita ser curado, sólo aliviado, como saber que no quiero tu presencia porque me contamina y me duele. Todo lo demás. Ni pensamientos cortitos, sólo estas palabras que no leerás, porque muy a tu manera lo prometiste.  

jueves, abril 26, 2012

Un pedacito de valle

Va a cumplirse un año de nuestra visita a Valle de Bravo, sí, nuestra. Ahora y a esta hora en que debería estar durmiendo, pienso en ello. Quizá sea el olor del objeto que te empeñaste en regalarme, aunque sólo hubiera uno y sólo yo me quedara con él. Justamente hoy lo he devuuelto a la mesa en que trabajo y mientras lo colocaba cerca, el olor regresó. El aroma del pino, la maravilla de la cascada, el recuerdo sentido por todos lados. 

Te conté dos años atrás que deseaba ir a Valle de Bravo hacía tantos años, casi tanto como conocer París, sonreíste. Supongo que en ese momento no sabías que dos años después lo propondrías como mi regalo de cumpleaños. Así se realizaron mis dos sueños, años atrás conocer París, y a tu lado Valle de Bravo. Estoy pensando en este minuto lo extraño de la vida, fuimos el mismo año a París, sólo que no nos conocíamos. Tú fuiste con otro motivo, digamos una cruzada, yo, en cambio, fui a perderme a París, para encontrarme conmigo. Si colocáramos nuestra vida en coordenadas, daríamos con las tantas veces en que estuvimos en el mismo café, la misma institución, por motivos diferentes. Una puerta que no se abrió o alguna otra que se cerró antes... Ahora pienso en Valle, supongo que las fotos más emblemáticas fueron parte de tus ocurrencias. ¿Recuerdas al ranchero reflexivo? Sí, seguro que lo recuerdas, el hombre con sombrero que colocó el dedo índice entre el inicio de la nariz y el final de su frente, mientras miraba hacia arriba. Bastante clara quedó esa foto. Quizá las que no olvidarás, son aquellas de la cascada el Velo de Novia, porque no eran tus ojos los que tomaba si no tus dedos, los de los pies, mientras se envolvían por la corriente del agua. Nos dijeron que la leyenda señalaba que debían mojarse los pies y dejar así todos los pesares, para que se los llevara la corriente, para que no siguieran en nuestro ánimo. Y lo hicimos, no sé si será cierto, pero por ese único instante tu sonrisa volvió a ser exactamente como la recordaba dos años atrás, cuando esta historia empezó, nuestra historia que entre tantos aromas, también tiene el aroma de saúco, de madera, de pino, de piedras, de cascadas, de sol, de recorridos en lago, en yate, en lancha, como en Catemaco... No, ahora no contaré de ese otro viaje, me quedo con el pedacito de Valle sobre mi escritorio, ese que tanto peleaste a los demás compradores para que se quedara conmigo, en mis plumas, lo sabías, sí, seguro, sabías que un buen día buscaría a Valle de Bravo, un pedacito por alguna parte y ahí lo encontraría entre mis plumas, cerquita del ordenador, pensando en ti, sin ti, porque estás por alguna parte, mientras yo, acá, pensando en Valle, sin extrañarte ni un poco. Ya sabes, jamás conseguí aprender. 

Estoy pensando en el frío que pasaste mientras tomé las fotos de la cascada que arropaba tus pies... ¡Caramba, debimos quedarnos allí, sonriendo!

miércoles, abril 25, 2012

La calma, la trama y mi guerra.

Me dicen que la tranquilidad y la calma es lo importante, lo urgente, lo necesario, lo que debe de hacerse, a lo que debo de asirme. No creo una palabra. Quiero lo que adentro me abrasa, me quema, me aturde, me invade. No quiero calma ni estabilidad. Quiero esta guerra y esta llama. 

Con el paso del tiempo lo que he aprendido es que la tensión produce resultados, que la locura crea acción, rotunda, sin descensos. Quiero mi guerra, mi batalla a diario, mi locura, porque así me sé, porque así me reconozco, me encuentro. No quiero, no quise tu paz, quise tu guerra; no acepto tu equilibrio, quiero el desatino. 

Hoy no acepto la armonía como el resultado de la calma. No, la armonía viene de la discrepancia, del desequilibrio, de la tensión de los puntos, de la diferencia. Quiero esa diferencia. No estoy hablando de polaridades, no quiero saber de puntos extremos, no quiero entender de negro o blanco, no quiero bueno o malo, no quiero. Me gusta la carcajada y el silencio y ello no me hace polarizante, me convierte en mí y me descara, me descubre, me encuentra. 

Eso quiero, la guerra, antes que tu paz; el conflicto antes que la monotonía. Quiero esas noches de boda que dice Joaquín Sabina; quiero la luna montada en mi hombro antes que vista por el cristal, quiero prender la estufa con el cerillo, antes que seguir temiendo a una fuga de gas. Quiero el desnudo antes que el vestido que imagine. Quiero, sí, eso quiero la trama, aunque venga el desenlace; leer una y otra vez una historia que me haya gustado, aunque ya la conozca. Quiero la trama, sí, con el nudo y el conflicto, con la forma en que lleva a otra historia, con la segunda historia, con el color en la historia. Ser el personaje de color antes que el nombre sobre el papel. Quiero la rabia y el coraje y la mordida. Quiero el insomnio antes que la monotonía del sueño correcto. Hoy lo quiero todo, lo quiero con todo y eso, eso, me da calma. 


Buena noche, calma. Buen día, en pie de guerra.