jueves, enero 28, 2010

El anillo que no es anillo

Hoy voy a contar la historia del anillo rojo que aparece en la fotografía de la cabecera de este blog: originalmente me lo regalaron como una especie de colguijo, pero no me dieron la cadena y yo soy re mala con los metales, debe ser plata u oro, y cuando me dieron una cadena que no era de estos metales, pues me enronché completita, hasta temperatura... así que ese anillo que no pudo ser colguijo, lo coloqué en el pulgar derecho, un poco holgado, pero necesitaba saber que estaba conmigo.
Me acompañó en el estreno de mi obra de teatro de recién, me acompaña en cada cosa, porque ese anillo me lo dio mi Socio, a quien veo poco, pero por quien sigo convencida que si la vida es un negocio, yo quiero que sea mi Socio.
Mi Socio es ... digamos fugaz, aparece, se va, regresa, es libre, pero a través de este anillo - copia de uno que él tiene, pero en color negro-, lo siento cerca y me acompañan sus frasesitas y su risa y esa pregunta que me formuló el año pasado: ¿por qué nos cuesta tanto ser felices si es tan sencillo?
¡Ay, Socio, tenías razón...! Y ahora ando en esas, dejando que las cosas sencillas se queden conmigo: entre las manos, como este anillo, que no es anillo, pero con el que siempre a donde voy y a donde vayas, te llevo conmigo.
Mua!

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