domingo, enero 24, 2010

La música

Creo que soy una de las personas que gustan de la música, eso ya lo he dicho no sé exacto en qué momento, pero de recién me descubrí pensando en tocar un instrumento, así que una de mis grandes amigas me cedió a uno de sus hijos como ella les llama: un órgano, muy lindo con mucha historia en su historia. Quedé maravillada con el mismo y con todas las interrogantes del mundo, acerca de la música, el quehacer de la música.

Luego uno de los grandes de Contagio dejó propositivamente su guitarra acústica en mi casa, y ocurrió lo inevitable: comencé a rasgar las cuerdas, y me maravillé nuevamente... ahora estamos en cuándo me enseña a tocar correctamente, gracias chango.

Había en mis recuerdos una sensación nostálgica con la música, algo que me llevaba a los mejores recuerdos infantiles: la armónica. No consigo recordar quién o dónde la tocaron, no recuerdo de qué modo el sonido me llevaba a un recuerdo invaluable, pero las imágenes siguen sin diferenciarse, se mezclan y arrebatan algo en el interior. Así que pedí como regalo una armónica, pero se tardó ligeramente un poco... como todas las cosas que valen, tiene su tiempo y su destiempo, y recién me la han dado ayer, para estas alturas ya estaba pensando que no llegaría, por escéptica y desesperada no por falta de fe en quien aceptó dármela, y llegó...

La mía, en lugar de poseer una letra C, que es la que se recomienda para principiantes, tiene una letra E, supongo que debo aprender de esa tonada. Ahora pongo más atención a los acordes musicales, seguro sólo toco como cada noche desde diciembre para mí, y tonadas sin niguna intención, pero ese sonido que no dice palabras, no pinta colores, no hace disparos, me tranquiliza, me calma y me deja cerca de quien me lo dio y cerca de alguien a quien no consigo descifrar, pero que seguro recordaré cálidamente conforme pasen los acordes.

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