No sé qué me pasa los domingos, solía emocionarme por comprar el periódico español y ver las portadas y sonreía con la selección de las fotos y el reportaje en la página central, pero creo que los voceadores han matado ese deseo, ambos: el primero de la esquina de mi casa que me regañó por llegar tarde por él, el segundo que me prometió que podía pasar por él y después me regañó igual porque se me hizo tarde. Así que ahora lo veo a distancia y pienso si me dará tiempo de leerlo y ya no me acerco a comprarlo, recuerdo que me gustaba porque me recordaba a mi papi, las provincias, los colores, recuerdo que me hacía despertar con ganas de leerlo y que la verdad Javier Cercas y otros me eran más familiares, descubría que leerlo era un poco no estar aquí, o estar en alguna parte. Ahora ya no, almuerzo, veo los aparadores de nada y sigo caminando.
Ahora, sin El País, pienso más en aquella película que siempre postergo para ver y ya no me da nostalgia, sólo la veo y se suma otra y otra y es divertido vivir sin El País, pero anhelando leerlo. Lo que no puedo evitar es visitar la página, recolectar imágenes, pensar en lo bien que está hecho, admirarlo y saber que con o sin que yo sea corresponsal de aquello que son voceros, me sigue encantando.



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