sábado, enero 02, 2010

No puedo contar hasta tres

Esta es la hora en que es más difícil seguir. La hora en que el cielo y el infierno se funden y me confunden. Esta es la hora de la mezcla, del jaleo, la hora en que se queda la tristeza expandida por todo el cuerpo. La hora en la que falto a mi cita, la hora en que me quedo por todos lados: rota y fúnebre. Es la hora en que no encuentro sentido a lo que escribo, pero es a lo que me dedico, es la hora en que me cuestiono, como la vieja traducción inglesa: question = tortura. Es la hora en que me complico y desacredito lo que hago. 22:36.






Es la hora en que me canso de mis ganas por inventarme un mañana, una rutina, los asuntos por resolver, la misma cara, la misma pregunta. Es la hora en que me platico que no tengo ganas y pretendo no escucharme. Es la hora en que reviso mi cepillo de dientes y pienso en que no necesito otro. Es la hora en que me encuentro aquí, con los dedos engarrotados y el dolor en las rodillas es la hora que habrá de pasar para que llegue la siguiente y sé, bien lo sé que el reloj avanzará, aunque mañana llegue la hora y vuelva al mismo lugar, sólo por una hora que bien vale la pena escupir hacia el suelo, porque el cielo está ocupado cubriéndome de bendiciones por el resto de las horas que vendrán.

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